Cuando tu amor te moja más que un aguacero de mayo

Como todos los jueves, hablamos de sexo con Capela Love

Me gusta disfrutar de mi sexualidad y por eso se me hace tan fácil escribir de este tema. Desde que estoy activa sexualmente me protejo, leo y he descubierto cosas de mi cuerpo que desconocía. Mientras más años cumplo, menos prejuicios tengo ante algo tan normal como lo es tener sexo.

La primera vez que tuve sexo fue con mi primer novio. Ya llevábamos como un año de relación y fuimos base por base: besos, cogida de tetita, bajar al pozo, fingering y meter. Inocente al fin pensaba que luego de dejarme de él pocos más tendrían la dicha de probar mi tesoro más valioso. Decía que no iba a pasar de tres parejas sexuales antes de casarme.

Bendito.

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No les cuento cuántos vinieron después porque no llevo una lista, pero son muchos. Lo que es la ignorancia.

Y en este montón de años que he disfrutado de la lujuria del sexo aprendí una cosa bien linda y hasta poética: tener sexo con alguien que amas es el mejor sexo de todos. Es el más que me excita.

Comencé a salir con el que ahora es mi novio y la bellaquera nació desde el primer date. Estoy en los cuarenta y tantos y ya él llegó al quinto piso, para que tengan una idea. En esa primera salida terminamos estrujándonos dentro del carro como universitarios sin dinero para pagar un motel. No podíamos aguantar las ganas. ¡Qué ricoooo!

Luego nació el amor entre ambos y ahí fue cuando me di cuenta de lo lindo que es tener sexo con la persona que te gusta y verdaderamente amas.

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El olor corporal de mi novio hace que me moje como si abrieran las compuertas de la represa de Carraízo. Hay veces que si tengo falda, le meto la mano entre mis piernas para que sienta el charco. Me encanta que no pueda controlarse y quiera saborearme o metérmelo al instante. A él le fascina que me guste tener sexo. Y como dice él, "me encanta chuparte".

Nos azotamos, nos hablamos malo, nos halamos el pelo, lo hacemos en el carro, en el balcón o donde nos entren las ganas, pero también nos acariciamos, nos miramos a los ojos, nos besamos bien rico y nos decimos cuánto nos amamos. Tenemos días con ganas de matarnos y otros en los que me pide hacerlo suavecito y romanticón.

Dentro de la bellaquera sabemos que hay un feeling bien diferente. Puede que sea la madurez o que tal vez nunca me había enamorado así. No sé y a este nivel no me preocupa. Al fin y al cabo es parte del proceso.

Qué rico es chichar con la persona que amas.