Conquistar a finales de los 90 era mucho mejor (y difícil) que ahora

El tiempo se va a las millas. Hace apenas unos días era el sabroso 1998, yo tenía una envidiable melena de pelo malo, una cintura de avispa y un lozano cutis con acné… esos eran los días gloriosos. Todo era muy distinto y algunas cosas eran mucho más difíciles para conseguir, empezando por el amor. Vamos a recordar cómo fue esa hermosa época que aún recordamos con cariño o con lágrimas, dependiendo cuán cool eras.

1. Para conocer a una chica o un chico, tenías que hablar de verdad con la persona

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Eso de los Myspace, el Facebook, Twitter o Instagram no existía, así que si esa nena o nene te gustaba mucho, había que sacar valor para hablarle frente a frente. Sí, en el proceso pasamos muchos bochornos y papelones, pero nada daba más satisfacción que esa persona te diera el número de teléfono de su casa porque le caíste bien. Mucho mejor que el friend request o follow de estos días.

2. Los nervios y vómitos antes de llamar a la persona que te tenía enchulao

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Cuando quedabas en llamar a esa chica o chico, eran otros veinte pesos. Tenías que irte al espejo a hablarle a tu otro yo y pompiarlo con “¿quieres ver esos senos? TIENES QUE HACERLO AHORA” o “nunca sabrás a qué saben sus grajeos si no lo llamas”. Cuando el Internet llegó a la clase media, el ICQ el MSN Messenger era la forma de poder stalkear… claro, esto se tardaba como una hora cuando el &#39dial up&#39 corría bien. Los chamacos ahora con solo ver WhatsApp y tirar un emoji ya pueden hacerle conversación a esa persona que le gusta. Eso es un quitao.

3. Pedirle que fuera tu novia era todo un evento

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Cuando ibas a pedirle a esa chica que fuera tu novia, tenía que haber todo un plan. Usualmente era una combinación de comer algo (obvio, barato), cine y luego llamar a tus papás para que te fueran a recoger en la Caravan. Al final venía lo más importante: el beso… y uno estaba mascando chiclets con el mismo swing que mastica la vaca porque no querías espantarla con la peste en la boca. En la segunda cita venía lo más importante: intentar tocarle un seno en la oscuridad del cine… pero los papás sabían y siempre mandaban chaperona o alguna prima imprudente. Los chamaquitos ahora se hacen novios y se envían fotos frescas por Snapchat lo más felices de la vida. Bah.

4. Hablar fresquerías por el teléfono era casi imposible

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El cable del teléfono era limitado y el teléfono inalámbrico -aunque duraba dos días sin carga- te traicionaba cuando menos te lo esperabas. A eso hay que añadirle que las madres solían ser unas ninjas que dominaban el arte de levantar el teléfono de su cuarto sin que se dieran cuenta y escuchar toda la conversación.

5. Un detalle era hacerle un cassette o CD de canciones románticas

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Esto era casi ofrecerle matrimonio. Uno llegaba con el CD escrito con un sharpie rojito con todas las canciones que daban en Estereotempo o Fidelity. Otro detalle era llegar con un Sad Sam to’ percudío y lleno de polvo, y dárselo frente a sus amigas, pero para poder comprar el maldito peluche tenías que guardar dos meses los chavitos de la merienda. También podías irte más low budget y regalarle las tarjetitas plásticas que vendían en las farmacias de la comunidad y que uno le pedía a la cajera con bochorno: “sí, dame las #375”, y la muy necia la miraba, la leía, se reía y te la entregaba con asco.

6. Alquilar películas en Blockbuster era una misión

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Querías quedarte una noche romántica viendo alguna película de Freddie Prinze Jr, pero antes tenías que ir a Blockbuster o algún video club dar vueltas, gastar $30 en dulces, pop corn y lo que se antojaran, hacer una fila como indios, y pagar los casi 10 pesos que salía cada trapo de película. No me digan ahora que aman a su pareja si ven películas en Netflix con una cuenta que usan entre ocho personas. Eso sí, el fin del movie night siempre ha sido el mismo: tener sexo antes de que la película acabe.

7. Los celos de tu novia solo eran por Jennifer Love Hewitt, Britney Spears o La Taína

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A finales de los noventa, los celos de tu novia solo podían ser despertados por las jevas del momento o si te pillaban ligando a una muchacha en la acera. No había prueba alguna de que miraras con deseo a otra mujer, ni mucho menos tenías que estar escondiendo el celular porque tu Nokia 5110 apenas guardaba tres números de teléfono. Ahora los chamacos están chavaos, porque las peleas comienzan con un simple “¿por qué le diste like a la foto de fulanita” o “¿y esa fleje que te escribió en el wall con tanta confianza?”

8. Viste una nena o nene que te gustó mucho, pero no pudiste pedirle el número… y así comenzó una misión que tomaba años terminar

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A todos nos pasó que conocimos a esta persona que nos gustó mucho, pero no pudimos tener el número de teléfono, y terminamos atando cabos para encontrar a la persona. Le preguntamos a esa amiga o pana si sabía algo, si le gustaste, dónde vive, cuándo podrás verla y todo tipo de cosas. Ahora es normal buscar en Facebook y ya, pero a finales de los 90 era una misión que la mayoría de las veces terminaba con malos resultados. Y ahí estaba uno: llamando a Billy Fourquet para que te leyera un poema en Magic Nights recordando a ese amor que no pudo ser. A mí me ocurrió… y la vine a encontrar en el 2009 mientras ambos hacíamos la fila de desempleo.

9. Si querías mantener a una chica enamorada, tenías que hacerla reír

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Hablar con una jeva por horas no era fácil, y para que no se aburriera, tenías que zumbar todo tu repertorio de chistes y cambiarlo todas las semanas. Tenías que lucir interesante y ser un buen conversador, pero eso ya no es necesario, porque ahora la gente se enamora con una idea que ellos hacen de la persona. Las redes sociales le han dado a la gente la opción de crear conceptos falsos sobre ellos, y otros se enamoran de esa persona que no existe porque fue diseñada para lucir “cool”. Si tenías muchas ganas de hablar con esa persona y era tarde, tenías que armarte de valor por si su papá cogía el teléfono y te insultara. Los jóvenes de ahora no sabrán lo que era ese nerviosismo, y esos nervios nos ayudaron a enfrentar nuestros peores miedos. Yo no cambiaría nada de los vivido, ni por Facebook, ni por nada de lo que estos chamacos tienen ahora. By the way, nosotros podíamos tirarnos gente fea sin la perse de que nos taguearan en fotos o subieran un video… nosotros ganamos. PUNTO.