Las 7 cosas que el boricua extraña cuando se va de la isla

♫Iiiiiisla bendiiiitaaaa♫

Ya es normal que un primo o un amigo te diga que “se va para los Estados Unidos”, y aunque duele saber que se sigue vaciando la isla, las opciones que hay no dan mucha esperanza. Con una economía que no crece, unos políticos más pendientes a tuitear que a trabajar, y los traqueteos de los que nos gobiernan, los boricuas son casi obligados a irse a “la gran corporación” pa’ poder progresar. El puertorriqueño que se muda a los Estados Unidos solo va con la mente de trabajar, trabajar y trabajar; pero el corazón se les queda en la isla. Con la bandera de Pe Erre en la casa para recordar de donde son, los boris no dejan de extrañar un montón de cosas que hay en la isla, y hoy te vamos a mencionar solo algunas de ellas.

-El pitorro: es obvio que tenemos que tenemos que empezar esta isla hablando de alcohol, porque a los boricuas le encanta beber. Hace mucho tiempo se quejaban de que en las tierras del norte no conseguían Medallas, pero al menos ya la cervecera local está exportando su producto y haciendo a miles de boricuas feliz porque nada como el sabor de tu casa. Ahora, con el pitorro están bastante chavaos porque la verdadera lágrima de monte se hace aquí, digo, si la Policía no le da con fastidiar.

-La playa: no es un secreto que Pe Erre tiene unas playas bien cabr***s que no tienen nada que envidiarle a las del mundo… bueno excepto a Tailandia. Una hamaca en la sombrita, una neverita con cervezas, Doritos con arena y música de Maelo a la misma vez que observas a tus compatriotas teniendo sexo en el agua, esa es una de las estampas más chulas que los boricuas de la diáspora extrañan.

-Las frituras: en este país comer bien es difícil porque en todas las esquinas hay una vitrina con deliciosas y grasosas frituras que le darán a tu mucha felicidad. Cuando el boricua llega al Luis Muñoz Marín, lo primero que quiero es darle pa’ Piñones porque las alcapurrias son una necesidad. ¡Échale pique!

-El chinchorreo: Puerto Rico es un lugar que te monta un party solo con una plancha de zinc como techo, un radio viejo y unas cervezas, porque nosotros no necesitamos mucho pa’ vacilar como es. No hay nada mejor que estar en un chinchorrito del campo, escuchando a un mellao hablar de cómo se enamoró de su prima y hasta de los 11 hijos que le hizo, a la misma vez que escuchas a Frankie Ruiz en la vellonera sonando “Para darte fuego”. Lo mejor es que no explotas el bolsillo, jangueas en tenis y los shots de chichaíto llegan solos.

-Los panas: La vida no se hizo solo para trabajar y adquirir cosas materiales, y sin amigos en nuestra vida, ¿cómo diantre nos divertimos? En Puerto Rico los panas nos tratamos de cab**n pa’ abajo y lo tomamos con una sonrisa; las chicas se dicen “perra” y es motivo de orgullo, porque así somos: to’ lo cogemos a vacilón. Los panas con los que creciste, los panas del barrio, los de la escuela y los que jangueaste en tus años de juventud es algo que nunca se olvidan y que siempre se lleva en el corazón.

-La familia: el boricua sale de la isla y lo que más le pesa es dejar a su familia atrás. Mientras se dirigen al gate de ese frío aeropuerto, no dejan de pensar en las fiestas en casa de la abuela, los consejos de titi, los chistes del tío y las conversaciones con los primos. Las actividades familiares ahora valen más que antes, no solo porque ya son momentos del pasado, sino que las posibilidades de que estén juntos todos de nuevo se acortan con el paso de la vida. Cuando ya tienes todo lo material que buscabas, te das cuenta que sin familia no hay nada.

-La navidad: todos saben que no hay navidades como en Puerto Rico, no solo porque son las más divertidas, sino que aquí empezamos a beber para celebrar al otro día después de Halloween. La navidad nos define: somos fiesta y más fiesta. ¡Aquí hasta desayunamos pasteles con ketchup y lo bajamos con coquito!

Podrán estar lejos, pero estén claros que Puerto Rico siempre será su casa.