Por este motivo nunca sabrás si apestas para los otros

Nuestros sentidos son de lo más curiosos, de alguna forma son muy avanzados, pero a la vez en cuestiones básicas nos quedan a deber.

Por ejemplo, no podemos ver todos el espectro de la luz (ahí está el infrarrojo), tampoco podemos escuchar sonidos que estén por debajo de los 20 hercios (aunque sí estén ahí), e incluso, la mayor parte del tiempo no podemos olernos a nosotros mismos.

¿Cómo es eso?

Lo que pasa es que nuestra nariz es capaz de percibir olores nuevos y extraños; pese a que tenemos uno de los sistemas olfativos más sofisticados del planeta, somos incapaces de distinguir un olor que llevamos oliendo por algún tiempo.

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Esta es la razón por la que cuando pintas, después de algún tiempo, ya no sientes tan penetrante el olor como cuando comenzaste. Esto también explica que ya no encuentres un olor particular en aquello que te rodea, puede ser desde tu ropa, hasta tu casa, e incluso tú mismo.

Por eso es tan frecuente que te subas al transporte público y notes que alguien huele muy mal, pero al parecer esa persona no lo percibe; y después de un tiempo tú también dejarás de notarlo.

¿Por qué funciona así el olfato? La verdad es que nadie lo sabe a ciencia cierta.