Los Cafres te esperan el sábado: "Esperar no es vivir. Vivir es hacer"

Fue en aquel mítico año 2000 cuando Los Cafres pisaron Puerto Rico por primera vez. Este sábado regresan. Aunque, vamos, esta gente nunca se ha ido.

“¡Quiero ir a la playa, loco! Qué lindo es estar acá. Tantos años, tantos recuerdos. El Yunque. El jangueo en la playa de Vega Baja. Acá andamos cómodos, aún con los huracanes del tiempo y con los huracanes de la política, acá nos sentimos en casa”, arranca a decir el vocalista Guillermo Bonetto al dialogar con El Calce.

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Bonetto y Los Cafres llegan esta vez a Borinquen a celebrar el 30 aniversario de su banda. Sí, ¡30 años! Y Bonetto, cuyo certificado de nacimiento apunta a que ya mismo alcanzará las cinco décadas de vida dice que se siente como un nene de 15.

“Yo después que cumplí 25 no cumplí más”, ríe a través del teléfono.

“Y llevamos ya 30 años, tal cual. Pero es que hay cosas que siguen igual. Mira el horizonte. Siempre está lejos el horizonte y nunca se acerca. Entonces, pues uno sigue intentando moverse hacia el horizonte. En el camino uno recibe cosas, tienes logros, externos e internos, pero siempre uno lleva el deseo de ir buscando el horizonte”, apuntó.

Claro, que como dijo anteriormente, “hay huracanes en todos lados”. Es decir, Bonetto y Los Cafres van conscientes de todo lo que pasa el pueblo puertorriqueño, primero con la crisis económica de la deuda usada para imponer la Junta de Control Fiscal, y segundo con el embate del temporal María, que hasta el sol de hoy no deja de embrujar la vida de los boricuas.

 

“Son casualmente estos huracanes los que te hacen crecer. Cualquier vivencia te marca para algún lado, pero todo pasa. Ahora, hay que decidir que uno hace, si decides quedarte quejándote o si decides moverte, hacer algo, salir adelante”, arguyó, recordando aquel año 2001, cuando su natal Argentina sufrió una debacle socioeconómica que hizo que se desplomara la moneda y que se lacerara la sociedad en general.

“Bueno, pero ahora mismo igual la clase media la pasa mal en Argentina”, dijo.

“Para nosotros aquel 2001 fue algo mas bien económico. Pero yo siempre intento buscarle las cosas buenas a la crisis. Me parece que es a las crisis, como la que mucha gente esta sintiendo en Argentina ahora, hay que aprovecharlas para crecer, para buscar la felicidad, aunque sea para meditar. Si no te gana el miedo, el agobio, el cansancio. Es la parte natural, lamentarse cuando pasan las cosas, pero también hay que salir del pozo. Porque lo malo pasa, no es para siempre. Y esperar no es vivir. Vivir es hacer”, puntualizó.

https://www.youtube.com/watch?v=e5JDkp88gW8

No son filosofías de cantante de reggae, es que Bonetto se encuentra ahora en un momento muy maduro de su carrera. Por ejemplo, cuando le preguntamos que pensaba del trap, dijo que “pues hay cosas muy, muy buenas y hay cosas malísimas, pero eso es en toda música”.

“Y creo que, como toda música, va a evolucionar”, apostilló.

Fue cuando vinieron por primera vez a Puerto Rico, en el año 2000, cuando Los Cafres comenzaban a despuntar fuera de Argentina. Han podido ver de cerca esa montaña rusa llamada Latinoamérica, “que la conocemos ahí más o menos, pues es siempre como el jardín gigante donde nos metemos a ver más naturaleza”.

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“En un momento dado pudiera decir que vi una Latinoamérica más despierta, pero, como te dije, es que a los latinoamericanos siempre nos pegan los huracanes, ya sean físicos o económicos o políticos. Y es ahí cuando tenemos que buscar qué estamos haciendo para llegar hasta donde queremos ir, a donde y cómo queremos estar”, añadió.

Así las cosas, Los Cafres llegan este sábado a la tarima del Vivo Beach Club donde presentarán la música que durante tres décadas los mantienen a la vanguardia del reggae en español. Los acompañará el trabuco de la banda Piélago, quienes ya se acomodan como uno de los grupos favoritos de la afición.

“Allá los vemos… ¡Pero, vamos pa’ la playaaaaaa!”, exclamó Bonetto, exasperando el gozo aquel que le llevamos palpando desde que Los Cafres azotaron al mundo con su disco Frecuencia Cafre, en 1994.