¡Y va a seguirrrrr! Baloncesto, jugadores y austeridad

BSN y la austeridad.

Recientemente la liga de Baloncesto Superior Nacional (BSN) anunció los pormenores de su nueva temporada. Como fiebrú del baloncesto local y fanático de los Leones de Ponce esas noticias me llenan de entusiasmo.

Sin embargo, un asunto sobresale del resto de lo leído. Se trata de una propuesta impulsada por la liga para reducir el tope salarial que devengarían los jugadores durante el torneo. Según el presidente de la liga, la reducción del tope sería a $60,000 por jugador durante la temporada, lo que representa una disminución a lo establecido en el convenio colectivo entre la liga y la Asociación de Jugadores del BSN ($80,000).

Cuando se habla de un tope salarial no significa que todos los jugadores se ganan la totalidad del mismo. Por diversas particularidades propias a la dinámica de los negocios en ese deporte, hay jugadores que cotizan y pactan con su equipo la cantidad más alta del tope y hay otros que obtienen un salario inferior.

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La liga plantea que el nuevo recorte obedece a la situación económica en la isla tras el paso de María, sumado a una serie de problemas económicos que han enfrentado las propias franquicias durante su historia. El planteamiento que subyace es que este es un año especial y tanto la liga, los equipos y sus jugadores deben hacer sus ajustes.

El recorte no es final y firme pues tendrá que acordarse con el gremio que representa a los jugadores. Según anunciado, ambas partes están próximas a un acuerdo y todo parece indicar que habrá baloncesto para el deleite de todos los fanáticos.

La reducción salarial en el BSN remite a un tema muy presente hoy día. La situación económica en la isla, originada por múltiples razones, sirve como la oportunidad dorada para meternos por ojos, boca y nariz medidas de austeridad que afectan a los trabajadores y los sectores más desaventajados de la sociedad.

Hay crisis, en principio podríamos estipularlo, pero el detalle es que esa crisis se manipula para promover medidas que en otros contextos serían impopulares. Cuando el BSN advierte a sus jugadores que ganarse un salario menor es mejor que ganarse nada usan el mismo planteamiento y estrategias que el gobierno cuando implementó su reforma laboral.

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Esa lógica envuelve hábilmente la idea de que ganarse un salario miserable, sin ningún otro beneficio, es mejor que nada. Habrá quien diga que es cierto pero el peligro subyacente bajo esas políticas es el empobrecimiento acelerado de grandes sectores poblacionales solo para imponer intereses privados en detrimento del bien común. ¿Quién brega luego con el costo social de tales medidas?

Las políticas de austeridad no son nuevas, se han ensayado en otros países y ciudades, y sus fatales resultados están debidamente documentados. Tampoco son nuevas las tácticas para implementarlas, es como si existiera un handbook a seguir. Naomi Klein, periodista canadiense que recién visitó Puerto Rico, le ha seguido la pista a este tipo políticas y ha propuesto como explicación la llamada doctrina del shock. Según Klein, la explotación del tema de la crisis y el trauma que genera en la población se usa como justificación para medidas indeseadas dentro de un nuevo estado de emergencia. Miremos con cautela, ¿acaso no es lo que estamos viviendo en Puerto Rico?

Sin bien es cierto que las políticas de austeridad no son opciones novedosas ni sus tácticas tampoco, la reacción de mucha gente resulta sorprendente. Un efecto de shock bien trabajado no solo afianza la percepción de que esas políticas de austeridad son necesarias sino las únicas alternativas que pueden emplearse. Cuando escuchamos eso que llamamos la opinión pública sobre temas como la privatización de servicios (energía, educación, agua, salud,) notamos cómo se han trabajado dichas estrategias en la isla para que esas soluciones sean asumidas como las idóneas, mágicas, salvadoras.

Los estrategas que venden sus medidas de austeridad, aquí o allá, saben hacerlo excelentemente. Es su negocio. Uno diría que en muchísimas instancias les resulta tan y tan fácil como irse en la clásica güirita.