Viven y juegan entre el arsénico de las cenizas de AES

Nueva prueba científica muestra exposición a sustancias tóxicas y peligrosas en varias comunidades

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Muestreos de suelo realizados en lugares donde una década atrás se descargaron miles de toneladas de cenizas de carbón confirman que el riesgo de exposición a sustancias tóxicas y peligrosas se extiende más allá del solar industrial de AES Puerto Rico en Guayama.

Tres análisis de suelo comisionados por la organización de derecho ambiental EarthJustice concluyen que hay peligrosas concentraciones de arsénico inorgánico en, al menos, dos comunidades del municipio de Salinas y en la ribera del río Guamaní en Guayama.

En ambas localidades, han existido durante años depósitos de cenizas que habían sido cubiertos con una fina capa de tierra, pero ahora se desplazan con el viento hasta las viviendas y entran en contacto con objetos y personas que, sin remedio, las aspiran.

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En Parque Gabriela, de Salinas, el examen químico certificó que una porción del terreno contiene 22 veces más arsénico que el límite de seguridad establecido para suelos residenciales de Puerto Rico, de acuerdo con los parámetros de la Agencia de Protección Ambiental federal (EPA, en inglés).

La muestra de Parque Gabriela se tomó en terrenos de la segunda fase de la urbanización, cuyas 200 viviendas se construyeron sobre una base de cenizas de carbón de AES, de entre 10 a 12 pies de espesor.

Tanto la EPA como el Departamento de Salud federal han determinado que la ingesta o exposición prolongada al arsénico favorece el desarrollo de cáncer en la piel, el hígado, la vejiga y los pulmones. Asimismo, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, en inglés) cataloga el arsénico inorgánico como extremadamente tóxico.

Esta dependencia de la Organización Mundial de la Salud advierte, además, que los efectos de su exposición, como lesiones cutáneas, neuropatía periférica, problemas gastrointestinales, diabetes, efectos sobre el sistema renal y enfermedades cardiovasculares, pueden tardar años en manifestarse.

Aun cuando el arsénico puede encontrarse en el suelo y las rocas de forma natural, y en concentraciones de tres a cuatro partes por millón (PPM), en Parque Gabriela se cuantificó en 14.9 PPM, mientras que otra muestra de referencia tomada en terreno cercano donde no se depositaron cenizas arrojó 2.25 PPM.

“Esto está muy por encima de un nivel con el que cualquiera debería sentirse cómodo”, alertó la abogada sénior de EarthJustice, Lisa Evans. “Yo no quisiera ver a ningún niño jugando en un suelo que tuviera arsénico a ese nivel”.

“Una cosa es tener esto expuesto en un sitio industrial…, pero tenerlo donde está soplando, en casas, en los patios traseros de las personas, eleva la posibilidad de que obtengas mucho polvo y la exposición a la sustancia química será una preocupación mucho mayor”, continuó Evans.

Según advierte la Agencia para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades de los Estados Unidos (ATSDR, en inglés), la exposición prolongada al arsénico puede reducir el cociente intelectual (IQ) en niños. También la entidad plantea que la exposición durante la gestación y la niñez puede aumentar la tasa de mortalidad en adultos jóvenes, al igual que ser perjudicial para mujeres embarazadas y el feto.

La Perla del Sur y el Centro de Periodismo Investigativo (CPI) solicitaron desde el pasado 13 de julio una entrevista con Jesús Bolinaga, director para el Complejo del Caribe de AES. Un día después, este respondió que coordinaría el encuentro, pero esto no ha ocurrido.

A Bolinaga, sucesor del expresidente de AES Puerto Rico, Manuel Mata Merino, también se le pidió este lunes una reacción específica a los resultados de los nuevos análisis, pero tampoco ofreció respuesta.

Más lugares contaminados

El análisis químico financiado por Earthjustice también determinó que, en un punto de la comunidad Ranchos Guayama, de Salinas, la concentración de arsénico en el suelo rebasa 11 veces el umbral que la EPA necesita para investigar casos de contaminación con materiales peligrosos.

Al menos 4.5 kilómetros de caminos vecinales en esta zona fueron cubiertos con cenizas de AES en 2006, y luego revestidos con gravilla y tierra, por orden del entonces alcalde Carlos Rodríguez Mateo. Según vecinos consultados por La Perla del Sur, la directriz del exejecutivo municipal incluyó cubrir con cenizas otras vías, como la PR-706 y los caminos a los sectores La Julia y Brisas, donde residen otras 50 familias. Al presente, secciones enteras de sus calles tienen cenizas que han quedado al descubierto.

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Entre los años 2005 y 2012, el exalcalde Rodríguez Mateo también endosó la construcción de las urbanizaciones Brisas de Evelymar, Vistas de Salinas, Veredas del Mar, Marbella y Valles de Salinas. Todas fueron construidas sobre toneladas de cenizas de carbón de AES.

De acuerdo con documentos oficiales de la empresa, durante ese mismo periodo se dispusieron, solo en Salinas, 609 mil toneladas de residuos de la combustión de carbón. Esta cifra es superior a las 500 mil toneladas de cenizas que AES produce a lo largo de dos años.

Tras perder las elecciones de 2012, en enero de 2017, Rodríguez Mateo juramentó como senador del Distrito de Guayama y, desde entonces, preside la Comisión de Salud Ambiental y Recursos Naturales de la Cámara Alta. Desde esa posición, encabezó el proceso legislativo que culminó con la firma de la Ley 40 de 2017 que, en lugar de prohibir el uso y disposición de cenizas en la isla, legalizó las cenizas mezcladas con agua que AES ha intentado mercadear bajo el nombre Agremax.

A una semana de la vigencia del estatuto, AES reinició el traslado de cenizas tóxicas al vertedero de Peñuelas, con el aval gubernamental, escolta policiaca y el respaldo de más de 300 agentes y helicópteros de la Uniformada. Tras 18 operativos en los que se movilizaron 720 camiones y cientos de ciudadanos enfrentaron a la Policía en Peñuelas y Guayama, el traslado cesó el 25 de agosto de 2017.

Desde entonces, la corporación ha exportado cerca de medio millón de toneladas de cenizas de carbón al estado de Florida, empleando buques y barcazas que zarpan desde el muelle Las Mareas en Guayama. A la vez, mantiene en su solar un vertedero con más de 300 mil toneladas de residuos.

Las pruebas químicas realizadas por AlChem Laboratories de Puerto Rico y revisadas por la firma de consultoría Geo-Hydro en Colorado revelaron también que a un costado del conector de la carretera en el sector Dulces Sueños, de Guayama, la concentración de arsénico en el suelo rebasa casi nueve veces el nivel de seguridad definido por la EPA.

Esta vía de rodaje de cuatro carriles y dos kilómetros de extensión se comenzó a construir hace una década sobre toneladas de cenizas de AES, que fueron apiladas encima del suelo y luego cubiertas por cemento y brea. El relleno gris ahora aflora a los costados de la carretera y se desplaza con las escorrentías de lluvia hacia la cuenca hidrográfica del río Guamaní.

Según el récord de vistas públicas del Senado de 2013, los ejecutivos de AES dijeron que solo en el proyecto del conector se emplearon como relleno entre 30 mil y 50 mil toneladas de cenizas. Documentos de la empresa reconocen que un millón de toneladas han sido enterradas en Guayama.

Al municipio de Arroyo Barril, una localidad de la República Dominicana a la que también fueron a parar cenizas de AES, se enviaron por barco 27 mil toneladas entre los años 2003 y 2004.

La revisión hecha por Geo-Hydro intentó determinar si las muestras de cenizas recolectadas en Parque Gabriela, Ranchos Guayama y Dulces Sueños eran similares entre sí y si podían provenir de una misma fuente.

“Los análisis muestran que los materiales volcados en esos suelos son consistentes con los residuos de la combustión de carbón de AES Puerto Rico”, sentenció Mark Hutson, geólogo y principal ejecutivo de Geo-Hydro.

Para su conclusión, Hutson revisó los resultados del estudio químico que la EPA, la Universidad de Vanderbilt y los laboratorios Arcadis realizaron al denominado Agremax en 2012 y, tras comparar datos, reafirmó que las cenizas de AES “son consistentes con los desechos arrojados en esas comunidades, así como con los resultados de las muestras de agua subterránea de la planta de AES”.

El estudio de la EPA de 2012, agregó, demuestra que el arsénico, el boro, el cloruro, el cromo, el fluoruro, el litio, el molibdeno, el selenio, el sulfato y el talio pueden liberarse del Agremax, a niveles superiores a los estándares de salud.

Efecto multiplicador

A juicio del doctor en Química y subespecialista en contaminación ambiental, Osvaldo Rosario López, esta combinación de elementos que constituye el ADN químico de las cenizas “multiplica exponencialmente el potencial tóxico y cancerígeno de los desechos que AES quiere dejarnos aquí. Hay que alertar a estas personas”, comentó refiriéndose a los residentes de las comunidades afectadas.

Este reportaje se publica en Metro gracias a una alianza con el CPI. Acceda a la nota completa en periodismoinvestigativo.com.