Trump, la CIA y los Black Sites

El Donald.

 

Trump anda por caminos misteriosos.         

 

 

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La semana pasada fulminó mediante un tuit a varios miembros de su gabinete. Uno de ellos fue Rex Tillerson, Secretario de Estado. A éste la noticia de su destitución lo pilló en África atendiendo asuntos diplomáticos.

Asimismo, Trump anunció que Mike Pompeo —Director de la CIA— sería el nuevo Secretario de Estado. Pompeo, también congresista por el estado de Kansas, ha sido uno de los miembros más destacados del Tea Party, la facción ultraconservadora del Partido Republicano.

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El movimiento no sorprende. Todo parece indicar que va a remover a todo aquel que no es afín con sus (alocadas) posturas. Pompeo y Trump comparten opinión sobre asuntos como el tratado nuclear con Irán, las tensiones con Corea del Norte y otros. De hecho, en esos mismos es que Tillerson discrepaba abiertamente con el presidente. Eso sin contar que —según se ventiló en la prensa— Tillerson llamó morón a Trump en una reunión del gabinete de seguridad.

La vacante de Pompeo la llenará Gina Haspel, su número dos. Será la primera mujer en dirigir la CIA.

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Haspel no es una extraña en el mundo duro del espionaje. Entró a la CIA en el 1985 y, según información publicada, mucho de su trabajo ha consistido en participar en operativos encubiertos en diferentes zonas del mundo. Sin duda, está curtida en la parte dura del oficio.

No obstante, hay un aspecto en su hoja de trabajo que hace de su nombramiento uno altamente conflictivo.

Como parte de la respuesta del gobierno de George W. Bush tras los ataques terroristas del 11 de septiembre, se autorizó el uso de métodos adicionales de interrogatorio (enhanced interrogation) a emplearse con sujetos sospechosos de estar vinculados al ataque o a la organización Al-Qaeda. En la práctica, esos métodos eran unas medidas bien agresivas, incluso salvajes, para recabar información. Cuando se conocieron tales métodos y las condiciones en las que se usaban, denunciado en algunos casos por los mismos militares, los mismos fueron ampliamente condenados por constituir tortura y por extremar la llamada lucha contra el terrorismo a unos límites muy peligrosos. A su llegada a la presidencia, Barack Obama desautorizó dichos métodos y, al menos nominalmente, dejaron de usarse. Más allá de la evidencia difundida, de los testimonios y documentos relacionados al tema, nadie vinculado a ello fue enjuiciado. Cayó un manto oscuro propio a las operaciones de los grupos de inteligencia.

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Los interrogatorios se hacían en lugares particulares. Según publicado por The Washington Post, la CIA operaba cárceles clandestinas en ocho países y se les llamaba blacks sites. Muy pocas personas de la CIA sabían exactamente donde ubicaban estos cuartos de tortura en los que el sospechoso (sin haber sido condenado ni juzgado por ningún crimen) era sometido al interrogatorio y sus desmanes sin que mediara control externo. Allí dentro todo quedaba bajo la absoluta discreción del interrogador y sus supervisores, ya que a esos sospechosos no les cobijaba ningún estatuto de protección legal.

Se sabe que una de esas prisiones clandestinas se ubicó en Tailandia. En el 2002 allí se llevaron a cabo interrogatorios de ese tipo y no han sido pocas las denuncias sobre las salvajadas perpetradas en dicha localidad. De hecho, según denunció la prensa, altos oficiales de esa prisión mandaron a destruir evidencia relacionada a los métodos utilizados con los detenidos para evitar que se conociera a ciencia cierta lo que ocurría en ese black site. Haspel era quien supervisaba directamente la prisión, y todos los procesos que allí se llevaban a cabo.

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Durante su campaña, Trump indicó que creía en la tortura porque funcionaba. Incluso, alardeó que él haría cosas peores. Nombrando a Haspel la amenaza cobra un cariz mucho más tenebroso. La mera posibilidad de ser considerada para dirigir la CIA resulta un espaldarazo de la Casa Blanca a todo lo que Haspel representa como funcionaria del aparato de inteligencia que está dispuesta a hacer cuanto sea sin rendir cuentas.

Michel Foucault, filósofo francés, planteó que la cárcel como institución es el lugar donde se puede percibir la forma más delirante del poder. Lo creo. Lo he visto. Ni pensar, entonces, cómo ese poder extrema su delirio en un black site.