"¿Nikita? Es Kennedy..." El legendario teléfono rojo que impidió la Tercera Guerra Mundial

Efemérides: el 5 de abril de 1963 nace la comunicación directa entre el Kremlin y la Casa Blanca a través de una línea que entonces era un teletipo. Cable submarino En 1971 ese mecamismo de intercomunicación física entre Washinton y Moscú pasó a ser una conexión satelital.

El 5 de abril de 1963 nace un ícono de la comunicación en la cima del poder: los mandatarios Nikita Jrushchov y John Kennedy hacen la primera conexión directa entre el Kremlin y la Casa Blanca, en lo que se convertiría en un símbolo planetario y uno de los aparatos más icónicos de la historia.

El teléfono rojo -que nunca tuvo ese tono-, unía los despachos de los dos líderes mundiales entre Moscú y Washington tras la crisis de los misiles que casi lleva al mundo a la Tercera Guerra Mundial en 1962.

La prensa creó una figura popular ya clásica que hasta hoy perdura, aunque en realidad esa línea correspondía a un teletipo, para agilizar una conversación por escrito. Sin internet, celulares ni conexión satelital instantánea, se planeó así porque por teléfono las comunicaciones resultaban complejas.

El protocolo para institucionalizar la idea se firma el 20 de junio en un encuentro dipomático en Ginebra y que se bautizó como “Moscow–Washington hotline”. El cable de la línea dúplex del teletipo hacía el recorrido Washington, Londres, Copenhague, Estocolmo, Helsinki, Moscú, y los mensajes iban cifrados.

Un teléfono rojo sin internet

Y aunque los mensajes que salían de la capital rusa sí llegaban directamente al Kremlin los norteamericanos prefirieron que su teletipo estuviese instalado en el Pentágono, la sede de la Defensa y no en la Casa Blanca.

En 1971 el cable submarino que unía los teletipos fue modernizado por una comunicación satelital y una década después por un fax. En 1991 se utilizó un teléfono físico para comunicar directo al presidente Bush con Gorbachov.

La leyenda del teléfono “rojo” fue una imagen de la prensa, que asimiló el color a la urgencia de un contacto trascendental. Una referencia de la época, además, al aparato que aparecía en la serie Batman, y que unía la Mansión Wayne con la oficina del comisario Gordon.