“Soy un Yankee”, un regalo a mamá de Grandes Ligas

La visibilidad de los talentosos es una construcción personal que emana del poder de la voluntad y —por qué no— del poder del amor. Bien lo sabe Harold Cortijo, loiceño que a sus 20 años puede decir que pertenece a la organización más poderosa del deporte estadounidense, los Yankees de Nueva York.

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Es precisamente esa realidad lo que hará de este domingo un día de las madres particularmente especial para su progenitora, Carmen Quiñones Sánchez, quien desde el barrio Medianía Alta de Loíza, capital de la tradición y cuna de destacados peloteros, conserva intacto en la memoria el recuerdo de aquellos fines de semana en los que los días se pasaban entre el olor a fritura y la pasión que generaban los lanzamientos de su hijo en los parques de Arrevica.

“Harold firmó con los Yankees el 14 de junio de 2017 luego de un proceso bien largo, que empezó desde pamper. A los 17 años me llamaron porque en Estados Unidos necesitaban un jugador que cubriera varias posiciones, entre ellas la de pitcher. Y cuando llegó de la escuela una tarde le dije que si quería y ni lo pensó para decir que sí”, recordó, dejando claro que el amor de una madre también permite escoger si se trata del porvenir de lo más querido.

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Harold Cortijo firmó con los Mulos del Bronx el verano pasado. (Foto: Alicia Kidd)

“El 17 de septiembre de 2015 se trasladó a Maryland hasta junio de 2017 para estudiar y jugar. Ahora mismo está en Tampa y mi orgullo es tan grande que se me hace difícil creerlo todavía”, confesó.

La partida de Harold a los Estados Unidos se dio en su último año de escuela superior. Según recordó doña Carmen, haber aprovechado aquella beca académico-deportiva para terminar el cuarto año en suelo norteamericano fue la aventura que terminó rindiendo el fruto más jugoso: cuando lo seleccionaron en la decimocuarta ronda del sorteo de novatos de Las Mayores el año pasado.

“La vida ha sido una escuela para todos nosotros y para Harold, sobretodo. Tantos años con él, tanta dedicación y tanta lucha, ahora es una de las etapas más lindas de la familia”, añadió la madre destilando orgullo.

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Harold Cortijo en el parque Miguel Fuentes Pinet de Loíza. (Foto: Alicia Kidd)

Por su parte, para Harold el proceso de llegar a la organización de los Mulos del Bronx es casi un cuento, una fantasía que todavía está por redefinirse en su espíritu competitivo. En la cabeza del chamaco, quien continúa su preparación en el complejo de los Yankees en Florida, no hay forma de reflexionar su éxito sin pensar primero en la entrega de su mamá.

“Ella siempre estuvo encima de mí. Es bonito poder decir ahora que mi mamá me apoyó y que, aunque como toda familia hemos pasado momentos duros, seguimos de pie y moviéndonos por nuestro sueño”, manifestó, no sin antes hablar de lo que significa trascender la marginalidad de un pueblo y su gente.

“Soy de Loíza, un pueblo que la gente como que le coge cosa. Y también soy un pelotero de los Yankees de Nueva York. Es bien loco eso y al mismo tiempo motivador. La comunidad y el barrio están siempre en mí, porque me hicieron la persona que soy”, puntualizó el juvenil, quien —además— se desarrolló en los programas comunitarios del Boys & Girls Club de su pueblo.