Sofar, una peculiar bohemia de la Fundación para la Cultura Popular

Al entrar a la Fundación para la Cultura Popular no me sorprendió el silencio y la calidez del espacio. No era la primera vez que estaba allí y siempre siento lo mismo, una vibra de esas que una siente cuando está entre amigos y amigas de toda la vida. Esa certeza inexplicable de que nada puede estar mal y de que, lo que está por venir, es una explosión en el mejor de los sentidos. Esta vez no fue distinto y tampoco esperaba que lo fuera.

Las luces tenues del interior y los floreros puestos en puntos precisos en el espacio exterior auguraban lo que sería un deleite musical de una calidad indescriptible. La combinación entre intimidad y calidez hicieron de aquel espacio uno sumamente acogedor y cálido, algo así como un abrazo sincero de esos que se te quedan en la piel por buen rato. La verdad es que no todos los días se tiene la oportunidad de asistir a conciertos íntimos en espacios que te invitan no solo a quedarte sino, además, a entregarte y a vivirte la experiencia fuera de la vorágine a la que nos tiene acostumbradas y acostumbrados el País.

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Tampoco todos los días se asiste a un concierto autogestionado, en gran parte por mujeres, donde el talento local se nos presenta a pocos metros, ofreciendo un espectáculo único, sin ruido, sin bullicio y casi sin celulares. La precariedad económica, colectiva e individual, han provocado que cada vez sea más difícil poder llevar a cabo eventos musicales y culturales independientes. En ese sentido, montarlos es un acto de pura resistencia.

Así, y a pesar del desastre que nos dejó María, un grupo de, en su mayoría, mujeres jóvenes montaron el viernes pasado el primer Sofar San Juan en la Fundación para la Cultura Popular en el Viejo San Juan. Allí se presentaron el Grupo Tepeu, grupo familiar con más de treinta años de trayectoria y que rescata nuestras raíces latinoamericanas a través de la música, y las cantautoras boricuas Andrea Cruz y Lizbeth Román, dos mujeres talentosísimas con unas voces súper poderosas. Todo fue un lujo de principio a fin.

Sofar es una iniciativa de dos hermanos londinenses; nació en 2009 y tiene presencia en más de trescientas cincuenta ciudades. Busca, principalmente, que los y las artistas se presenten en espacios íntimos y acogedores que permitan disfrutar del talento sin los revoluces de los conciertos grandes. Es un espacio respetuoso para los y las artistas y para el público que asiste a disfrutar del evento. Algo así como si estuvieras en la sala de tu casa compartiendo con amigos y amigas mientras disfrutan una experiencia que les volará la cabeza.

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Confieso que el viernes pasado fue mi primera experiencia Sofar y en mi agenda está no sólo repetirlo en San Juan sino, además, asistir por lo menos a uno cada vez que viaje. Sofar te permite ponerte en contacto con el talento local a la vez que comienzas a formar parte de una comunidad global que se desarrolla como un rizoma de buena música y compañía. ¿Qué más se puede pedir?

Además, Sofar es, en parte, como un “speak easy” musical. Funciona de manera distinta a los eventos tradicionales no sólo por el donativo por evento, que es muy bajo, también por la forma en que adquieres un lugar en los shows. Una vez se anuncia el evento debes apuntarte en una lista. En el momento en que te apuntas en la lista no sabes quiénes son los artistas ni tampoco dónde será el show. Es decir, te toca confiar, algo que no nos viene mal practicar y que, además, te empujará a salir de tu zona de confort y experimentar sonidos nuevos. Luego, al acercarse el día del evento, te enterarás de quienes tocan y tendrás que confirmar tu participación. El evento siempre es privado y tu lugar privilegiado, es decir, una vez confirmas, se espera que asistas porque tu espacio no se le ofrece a nadie más. Es una especie de código de honor y respeto hacia los y las artistas y hacia las personas que están en lista de espera. Al ser conciertos íntimos, los espacios son muy limitados. El lugar del evento se revela el día antes del mismo.

En tiempos como los que nos ha tocado vivir, donde la política del desastre y el desastre de la política cada vez nos golpea más duro, es esperanzador que las y los jóvenes apuesten a lo nuestro y a la autogestión de espacios culturales. Habitar nuestra Isla en el sentido amplio de esa palabra, ocupar sus espacios, hacernos de su música, apoderarnos de sus sonidos, de lo nuestro, disfrutarlo y vivirlo, son actos de pura resistencia y apoyarnos entre nosotras y nosotros apostando a la comunidad y a la alegría es pura subversión. Si quieres saber más de Sofar, solicitar como artista, ofrecer venue o participar de los shows como público puedes entrar a sofarsounds.com/sanjuan, no te arrepentirás.