¿Por qué el PPD está a la deriva?

Por: Alberto Sanchez

En el ocaso del 2015 y viéndolo desde lejos, Puerto Rico vive una situación similar a otras que ha vivido antes en su historia: un gobierno del partido A lo ha hecho terriblemente mal, y el partido B se perfila como alternativa para salvar lo que hizo el partido A. En 4, o a veces 8, años, se repetirá invirtiendo los personajes de las variables A y B.

Esto pasa en nuestras islas llenas de Starbucks, y también pasa en Noruega, en España, en Nicaragua y en casi todas partes: que dos fuerzas políticas ideológicas, utilizando la base que apoya dicha ideología y reforzándose de vez en vez por minorías (según su influencia electoral), suban y bajen del poder. Puerto Rico en ese aspecto es muy similar al resto del mundo, con el detalle de que realmente es distinta la cosa.

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Un partido político es por definición una organización apoyada en una ideología que aspira a ejercer el poder político en un país para establecer así su plan de gobierno, el cual a su vez es reflejo de esa la ideología que representa al partido como entidad. Regularmente esto se traduce en liberales vs conservadores o, dicho en idiomas más de debate de cafetín: izquierdas vs derechas. Esto es realmente debatible, pues son muy pocos los gobiernos que realmente podrían considerarse de “izquierdas” en el mundo, así que esto más bien se ha ido acomodando como centro vs izquierdas. Lo importante es que esas dos fuerzas se basan y se fundamentan en unas ideas muy básicas, las cuales les hacen ganar muchos seguidores, a diferencia de partidos minoritarios que tengan ideas y bases más complejas o específicas.

No obstante, no es ese el tema de esta nota. El asunto es que en la democracia del siglo 21, se parte de la premisa de que normalmente habrán dos grupos de similar fuerza que representen ideologías encontradas y que se alternaran el poder. Como en Puerto Rico, pero diferente. La primera diferencia estriba en que nuestros partidos principales no son ideológicos en términos de ciencia social, son ideológicos en términos del status que desean para Puerto Rico. Estadidad, o Estado Libre Asociado (o libre asociación, o ELA soberano, o ELA con más poderes, o lo que sea que busque el presidente del PPD al momento). Y he ahí la situación que hace de los dos partidos principales entes raros en el mundo de la ciencia social.

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En segundo lugar, cabe destacar que el PNP, ha logrado posicionarse como el partido de la estadidad, a la misma vez que ha establecido sin dudas que también es el partido de la derecha conservadora de Puerto Rico y del neoliberalismo económico. El PNP es, en teoría, nuestro Partido Republicano, usando una referencia de la política norteamericana. Mientras y por otro lado, el PPD es más bien un grupo de personas que piensan de diferentes manera cada uno y a los que los une……el no ser estadistas. O el no ser PNP. Una de las dos y más nada.

Mucho tiempo ha pasado del “muñocismo” y esas ideas populistas y de tipo “social” que se supone definían la misión del PPD no existen hoy; de hecho mucho me temo que cada vez parecerían moverse más lejos de ese modelo y más cerca del modelo neoliberal rampante en occidente. Así las cosas, El PPD ya no es por definición un partido político, sino que funciona más bien como una coalición que carece de coherencia política e ideológica, puesto que su unión está basada en el “anti” antes que en acuerdos programáticos o políticas. Eso lo vemos traducido de manera clara en el ejercicio del gobierno. Ahora mismo en el PPD podemos encontrar personas tanto de centro, de izquierda como de derecha. Gente conservadora y gente liberal. No hay un proyecto social que los una; no hay una idea que los unifique, más allá de que “el PNP no puede ganar de nuevo”.

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Si por ejemplo buscásemos los últimos 3 gobiernos del PPD, encontraríamos un contraste fuerte entre las políticas centristas y populistas de Sila Calderón, el gobierno semi liberal de Aníbal, y la administración actual, que se balancea entre iniciativas relativamente liberales, y medidas que calcan previas iniciativas del PNP, o que se podrían conservar de tipo neo liberal. A su vez el presidente del Senado tiene una visión de mundo que contrasta dramáticamente con el de la Cámara. Ni se diga el contraste entre figuras como el mismo gobernador y la alcaldesa de San Juan, los dos funcionarios electos principales del partido y quienes están opuestos en la gran mayoría de los asuntos (en todos excepto en que gane el PNP).

El PPD se encuentra por tanto ante un momento histórico, pues si decide continuar funcionando como una coalición de personas unidas en contra del PPD, estará condenado a tener gobiernos cortos y cada vez más escasos, pues su fuerza política estará basada en emociones momentáneas y no en razones ideológicas, que es lo que históricamente mueve masivamente a los pueblos. Si, por otra parte, decide establecer de manera asertiva un modelo ideológico que le represente a sí y a sus huestes, tiene que hacerlo ahora que aun tiene una base relativamente sólida y una maquinaria que puede llevar ese mensaje y establecerlo camino a futuras elecciones.

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Es momento de quitarse la venda y decidir si el PPD quiere continuar siendo un partido, o si finalmente se cambiarán el nombre a la Coalición Popular Democrática, haciéndole así honor a la verdad.

El autor es consultor de finanzas para varias firmas locales e internacionales y analista de noticias y colaborador en varios medios.