"Plagiar lo cotidiano y volverlo poesía"

El poeta Kidany Acevedo expone el proceso de creación poética, partiendo de la fuente de poesía más certera y urgente: lo cotidiano.

 

Habían pasado tres semanas desde mi última visita a la casa de Melvin, uno de mis refugios más certeros para plagiar lo cotidiano. Aquella vez logré rescatar una línea que Alma dijo: “yo creo en lo que me funcióne”1. Pudo haber estado hablando de filosofía o colores –eso no lo sé– llegué tarde a la conversación, anoté sus palabras y regresé al cenicero.

En el siguiente encuentro, recurrí al ejercicio egoísta de escuchar a Gustavo cantar junto a la guitarra de Melvin. Gus utilizaba las memorias del huracán como imagen de la crisis puertorriqueña: “todavía los viejos recuerdan con miedo los vientos, los caminos destruidos y la oscuridad”2. Incluí su dolor entre mis apuntes, no por peso literario, sino por el tono de rabia que se escabullía de sus pausas. Compartimos caídas y acordamos nuestra primera insistencia con un buche de ron directo del litro que Melvin nos trajo.

Kidany

Esa tarde, luego de tramar saqueos, Gustavo entonó una vieja canción titulada Que viva la muerte3. Con la botella en mis manos entendí que Gus hacía un brindis para renegar el fin de la vida, entonces plagié el instante y apunté un verso malogrado pero válido, ya que estaba conjugado al recuerdo.

Al detener la música, fuimos a las escaleras de afuera, lugar donde suelo acudir para releer mis hurtos. Melvin se negó a la botella porque había sentido fiebre durante la mañana. Entre trago y sed, hablamos de la razón de su dolencia y él dijo: “el cuerpo avisa cuando algo anda mal, la fiebre te dice que estás combatiendo algo4. Dicho esto, Melvin prosiguió a hablar de sus últimas composiciones y cuando eso sucede, hay que callar –si el abrirme su casa me permite a plagiar accidentes de sintaxis, imaginen cuantas definiciones puedo rescatar cuando él abre su libreta y canta versos para el final del camino5–. Por razones obvias, en estas conversaciones también me amparé en el más necesario acto de defensa propia: robar palabras para remendar el lenguaje.

poesia

Regresamos a la sala y Melvin insistió en mi poema para Gus, entonces tomé un papel y sin idea de cómo crear la imagen, abrí mis anotaciones. En ellas había otro plagio con el que decidí comenzar, este nació de algún amigo anónimo por mala memoria. Ese primer verso habla de sobrevivir, aunque las palabras del anónimo fueron tan predecibles como un horóscopo: “hay que arriesgarse para sentir la vida”6.

Acabé el poema antes que la botella, no por mérito propio, sino por las conversaciones que ya les he contado. Para su final, rescaté una metáfora en la que esperaba un abrazo7. La idea de reincidir en un texto viejo llegó con el anuncio de que Gustavo culminaría pronto su visita a la isla. El extrañarlo de ante-manos, me llevó plagiar el sentimiento de su sonrisa con algo que había escrito años antes de haberlo conocido.

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Aunque no todos los versos nacieron de otras bocas, el poema no me pertenece en lo absoluto. Ocupé con respuestas los espacios donde nadie dijo nada y así emergió el poema como una excusa para abrazarse hasta estrujar los silencios. Es por eso que no pueden culparme de mentiras y mucho menos de verdades. Al plagiar lo cotidiano, no hay quien reclame la voz de las metáforas, es por esto que el lector calla. Diciendo esto, aquí termino; y para no resultar más innecesario, dejo el poema abierto al plagio:

 

solamente sobrevive

quien no tiene miedo a perder el pulso6,          

que todo dolor es alarma4

y entre tanta verdad derrumbada

hay que creer en lo que funcione1,

correr descalzo

cuando haya que huir de uno mismo

y remendar las pausas

con la vendas que caen de los ojos,

sobrevivir

como un viejo con cenizas de noche en los lagrimales,

renegar los siempres de la muerte3

cuando el recuerdo le muerda la sombra al viento2,

clavarse los pies al piso

porque ya no queda camino5

y sobrar la vida

en lo que no puede sostener

un abrazo7

 

*El autor es poeta. Puedes conseguir su más reciente obra contactándolo a su email aquí.