Oscar con su gente: “La felicidad que tengo quiero compartirla”

17 de mayo de 2017


Hacía tanto y tanto viento que uno pudiese creer que la naturaleza se había puesto de acuerdo para recibirlo.

Y él llegó vestido de negro. Pero no era como si aún hubiese algún luto, no, no; el negro en su ropa evocaba el nacionalismo bueno y brusco del siglo pasado, aquel que defendió Albizu y Corretjer, la resistencia y la lucha, no la muerte.

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Era un momento bien lejos de la derrota. Todo el mundo sabe que cuando azota el mar en El Escambrón, pues ahí es que El Escambrón se pone cabrón, todo el mundo lo sabe. Ahora, sin embargo, el mar azotaba, pero El Escambrón lucía más manso y feliz que nunca. Sosegado y poco iracundo.

“Mi papá ha sido mi mejor ejemplo de resistencia y lucha. Como he dicho, la espera ha terminado. Hoy es el día de dar gracias a todos los que han logrado que estemos aquí. Gracias, gracias. Mi papá regresó a casa”, dijo su hija Clarisa, antes de abrir paso a las primeras palabras de su padre.

“Buenos días. Buenos días a todos y a todas. Buenos días, Puerto Rico completito”, fueron las primeras palabras de Oscar López Rivera.

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“La felicidad que tengo quiero compartirla”, exclamó, cual susurro de dragón.

Hacía 36 años que Oscar no veía el mar del Escambrón. Y allí estaba en la mañana de este miércoles, hablándole a su país. El país ese del, el que durante los pasados años agudizó su respaldo en ruta a su liberación. No se sabe cómo, pero Oscar logró organizar sus emociones en un papel y agradecer a to’ el mundo que recordó.

Al Comité Pro Derechos Humanos que lideró la campaña a favor de su liberación. A los veteranos puertorriqueños con quienes peleó, codo con codo, en Vietnam. A la Revolución Bolivariana, que hace rato anda bajo asedio de las fuerzas imperialistas que buscan su petróleo y su posición sudamericana.

Al corillo de 32xOscar, obreros de campo de la revolución que significa su salida. A los artistas, muchos de los que en la tarde le ofrecerán su talento en Río Piedras. Al grupo de Mujeres Por Oscar, que todos los meses se reunían a cantar sus loas en el Puente Dos Hermanos.

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A Nicaragua, a Ecuador, “a Pepe Mujica y Uruguay” y “especialmente a Cuba”. A Elizam Escobar, Rafael Cancel Miranda, Lolita Lebrón, Dilcia Pagán y todos los presos políticos de antaño y a los de ahora, por lo que intuimos que habla de los estudiantes fichados de Nina, la punta de lanza de la rabia de la resistencia actual.

Tras declamar sus agradecimientos, Oscar subrayó que la lucha no cesa contra la opresión colonialista, contra PROMESA, “contra esa elite que generación tras generación ha ayudado a Washington y a Wall Street” a mantener al pueblo del archipiélago borincano y su diáspora bajo el yugo.

Y entonces vino la pregunta. Le preguntó el joven periodista de Diálogo, José “el mago” Karlo Pagán: “Oiga, Oscar, ¿qué mensaje le da a los estudiantes, al movimiento estudiantil de la Universidad de Puerto Rico?”.

“Los estudiantes de la UPR siempre están muy cerca de mi corazón. La juventud, la juventud… A ellos y ellas les agradezco, ellos y ellas son Puerto Rico”, expresó.

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El mar se calmó un poquito, pero el viento zumbó más duro, como si quisiera llevar el sonido de la ovación que el público le daba a Oscar. Nunca ha habido un momento mejor para desear, literalmente, que las palabras se las llevara el viento. Que se las lleve alrededor del planeta. Oscar, el puertorriqueño, está al fin aquí para decirle al mundo que su patria, contra viento y marea, existe. Igual que su libertad.