¡No digas eso! Guía de cómo sobrevivir en las redes sociales

¡Mera, nena! ¡Shhhh!

Las redes sociales son la plaza pública en tiempos modernos. Antes los parroquianos se sentaban en la plaza de su pueblo a charlar sobre los sucesos de su barrio y lo que acontecía en el país. A su vez, también la plaza era el escenario para actividades culturales, políticas y religiosas. Ahora pasa la misma cosa, solo que las personas disfrutan de la conversación y los eventos desde la comodidad del sofá en su casa o durante las horas que se supone que estén trabajando en la oficina.

El Internet ha hecho cosas asombrosas, desde acortar distancias hasta darle a las personas un foro donde puedan expresarse sin miedo a la censura… bueno, de eso hablaremos hoy. Hace muchos años la censura llegaba a las imprentas cuando los ofendidos las prendían en fuego, y la represión a la libre expresión a veces se pagaba con la muerte.

Jovani

En tiempos modernos ya no matamos a nadie ni quemamos medios de comunicación, pero la censura viene de otra forma. El ataque personal a quien se atreve a opinar contrario a la mayoría es la orden del día, usted solo tiene que darse una trilla por Twitter o Facebook para observar que no hemos avanzado mucho a la hora de escuchar a quien no piensa como nosotros. Ya que a mí no me llegó el memo sobre qué debo o no debo opinar, me he fijado en los pasos a seguir para “no calentarnos con nadie” al momento de hablar.

1. Cuida el tono con el que escribes: es increíble cómo los receptores le ponen tono al mensaje que el emisor envió. Lo mejor es que el tono que le pondrán es el que más le ofenda a ellos. Solo puedo imaginar a estas criaturas leyendo el mensaje, cambiando la voz para leer las palabras y buscar la entonación que más le ofenda. Luego de leer un simple tuit o post, se van a desatar alegando que el tono es violento, ideal para sacar de contexto lo que el emisor quiso decir. Vamos al paso dos con eso del contexto.

rosselló


2. No me importa lo que quisiste decir, tu opinión está sujeta a la interpretación del receptor:
es bastante normal que alguien diga una cosa y otro fulano le dé una interpretación sin base ni fundamento de lo que otro dijo. Por ejemplo, si dices algo bueno sobre un político significa que eres de su partido, si dices algo malo del PNP es que eres “comunista”, y si dices algo contra la izquierda es que “eres un bruto”. De hecho, si dices que tu comida favorita es la pizza te dirán mil insultos porque supuestamente odias el arroz chino. Para las personas todo es blanco o negro, y lo peor es que llegan a conclusiones por sí solitos y luego el emisor tiene que disculparse por algo que ellos no dijeron nunca. Ya no combaten argumentos con argumentos, sino que buscan una interpretación de lo que "fulano quiso decir".

3. Espera que la masa opine y luego te vas por esa misma línea: Ves una discusión entre fulano y sutano, y aunque para ti fulano tiene razón, debes permanecer en silencio hasta que haya un juicio popular. Si fulano no es muy querido por la gente, la balanza ya se jodió porque aunque tenga razón, alguien buscará virarle la tortilla para criminalizarlo. Algo curioso en estos tiempos es que no se ataca el argumento, sino que se ataca al individuo que se expresó. En una discusión sobre política, te pueden sacar desde las planillas del 2010 hasta cuando te cogieron guiando borracho en el 2002 para tratar de vencer tu argumento alegando que eres un despreciable criminal. Olvídense de la razón de la discusión, aquí lo importante es descabro***te la reputación.

almighty

2. Si opinas diferente, te atienes al backlash… y será tu culpa: en Puerto Rico vemos todo por bandos, y para la gran mayoría de las personas, ellos están “el bando correcto”. Por ejemplo, en la isla tenemos un gran problema: somos una colonia. Aunque llevamos décadas con boricuas “en el bando correcto” (sea cual sea) aún no resolvemos algo que todos sabemos que nos afecta. Nadie cede unas cosas para ganar otras, ni muchos menos se trabaja en conjunto para resolver el problema, aquí es la ley del marronazo… aunque destruyamos toda la casa. Decir las cosas con honestidad cada día es más difícil, y dar tu punto de vista sin ataques es prácticamente imposible. Pasamos de unas generaciones encajonadas a una generación del “yo no escucho”. Su nueva arma es “yo no tengo que respetar tu opinión”… pero los demás sí tienen que escucharlos a ellos. ¡Qué mameyote!

1. Disfruta ser un esclavo de los demás por miedo a opinar: ¿Recuerdas cuando decías que eras una persona valiente? Mírate ahora: no te atreves a decir nada por temor a que bajen tus likes y te hagan una campaña en las redes. By the way, aunque sigas la masa siempre estarán esperando que te resbales. Cuida’o ahí y aférrate bien a esas cadenas.

yulin davila