Nadie encuentra el cascabel para el gato

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El cuco de la crisis siempre ha estado rondándonos. Que si van a cerrar el gobierno, que si van a subir los impuestos, que si votamos a 30,000 mil que si reducimos municipios en fin las formulas de la crisis todo el mundo las tiene pero nadie parece coger el toro por los cuernos y amarrarlo.

Desde que tú y yo tenemos uso de razón los gobernantes siempre, siempre han prometido villas y castillas, tratando de pasar la página y la papa caliente al próximo que venga.

Algo anda mal cuando ya tres generaciones han vivido bajo nuestro sistema de gobierno y los problemas de 1952 siguen siendo los mismo del 2015, con la única diferencia que en aquella época, al menos había esperanza de que iba a mejorar. Pero no, hemos estado a la deriva todo este tiempo. Azotados por huracanes y cánticos de sirenas que nos advertían de la debacle.

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Ese asunto me lleva al tema que podría darnos la ayuda celestial para resolver la mayoría de nuestros problemas. El dichoso estatus colonial de Puerto Rico.

Recientemente estrenó en la Isla un documental llamado, The Last Colony de Juan Agustín Márquez. Un filme que estuvo siendo grabado por varios años y que trata de ponerle el cascabel al gato.

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Cuando me invitaron a verlo, lo primero que pensé cuando llegué a la sala, ¿Por qué yo quisiera ver un documental en inglés de un tema que para mi nunca se va a resolver? Rápido pensé, jíbaro al fin, bueno este documental es hecho por algún fanático estadista o alguien que nada tiene que ver con el futuro de Puerto Rico. Algo había detrás, algo tenía que a ver. Estamos hablando del estatus, la gallinita de los huevos de oro para los amigos del poder, los amigos del alma y su progenie.

Al entrar al filme te das cuenta desde el principio lo difícil que es atender este tema sin tener que recurrir a decenas de voces, con 45 definiciones y 76 alternativas a un problema que a todas luces puede ser sencillo. Pero, su director, Juan Agustín Márquez, hábilmente logró agrupar a todos y darles sus 15 minutos de fama. No tan solo colocó a todas las voces, sino, que los separó por tribu, lo que a mi juicio le da una riqueza al filme para que podamos apreciar el chiste de la política partidista y la pelea chiquita por el estatus.

Cuando salí de la sala me quedé pensando, que la pregunta que nuestra generación se debe hacer es Si somos adultos y nos endeudamos hasta los calzoncillos, ¿Por qué queremos que nos traten como niños?

La realidad es que es una pregunta que nunca hemos podido contestar. ¿Por qué? Porque nos hemos dejado meter las cabras al corral por gobernantes, sus cargamaletas y sus familias.

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El estatus es un negocio redondo y perfecto. Es un pica millonaria que nadie quiere soltar, es bueno para los partidos porque tienen un tema lo suficientemente pasional para pasar por alto lo que realmente nos afecta, (Ehmm Como por ejemplo, el hecho que nuestra generación esté sin empleo y los que trabajamos sub empleados).

Es bueno para los cabilderos, de ambos lados, que guisan astronómicamente mientras se aprovechan de nuestros políticos ignorantes que creen que los que caminan por Washington D.C con maletas son semidioses. Y es un espectacular negocio para las familias más poderosas de este País. (Si, las que controlan como se mueve el bacalao de lo que se dice, cómo se dice y cuándo se dice) por qué detrás de la hipocresía de que trabajan por el País para el País, lo hacen por el bolsillo y para el bolsillo, sacándole provecho a las ironías del Estado Libre Asociado.

Al final del día, para algunos, el estatus es el menor de nuestros problemas ahora mismo. Podrían tener razón.

Pero si le seguimos dando vueltas a la noria, el nene seguirá creciendo, endeudándose y con él llevándose por el barranco la posibilidad de un País próspero y con futuro.