Mujeres con "M" de macho y el futuro feminista

¿Puede una Mujer con "M" de Macho deconstruir su realidad y volverse feminista?

Dar por sentado que toda mujer es feminista y que todo hombre es machista es un pensamiento erróneo. El feminismo y el machismo no son términos de género, son términos universales, y todos podemos ser compatibles con su ejecución.

En un sistema patriarcal que nos empuja a limitar nuestra libertad reproductiva, que deja impune la persistencia de la agresión y propaga por doquier las diversas manifestaciones de cómo denigrar a la mujer, se engendran las Mujeres con "M" de Macho. Este tipo de mujer se define como aquella que en su cotidianidad o en su llamada “lucha” más allá de acercarse al feminismo, lo que hace es reproducir el machismo por medio de pensamientos, expresiones y/o acciones.

En ocasiones estas mujeres no reconocen su práctica y la ejercen desde un estado inconsciente, y no las juzgo en cuna de patriarcas, dejarse de mecer es cuesta arriba. En otras instancias este tipo de mujer puede llegar a reconocer abiertamente lo que es el machismo y presumir sobre ciertas prácticas opresoras hacia otras mujeres. Pero a este fenómeno yo le llamo desconocimiento colectivo, antes de atreverme a llamarlo ignorancia individual. Debemos visibilizar y problematizar el que cada una de nuestras mujeres a lo largo de su vida ha sido sometida a un machismo diferente, ya sea a uno muy violento o a uno muy romantizado, dejando por resultado una mujer que se debe más a un hombre que así misma.

En la semana del 8 de marzo, me cuestiono lo siguiente: ¿Puede una Mujer con "M" de Macho deconstruir su realidad y volverse feminista? La respuesta es SÍ.

Durante mis primeros 22 años de vida yo lo fui. Yo fui una Mujer con "M" de Macho, en ocasiones inconsciente y en otras presumiendo prácticas opresoras a mi propio género; y lo digo con toda libertad, no por sentirme orgullosa, sino por sentirme libre de poder decir que en aquellos tiempos desconocía a diferencia de hoy, lo que era el feminismo. Aunque la historia nos ha dejado un movimiento sólido, hay mujeres que, como yo en aquellos tiempos, necesitan una definición clara, más allá de ver marchas y pancartas. La activista feminista Roxane Gay lo dijo: “renegaba el feminismo porque no tenía un conocimiento racional del movimiento, renegaba el feminismo por miedo a ser condenada al ostracismo, a ser vista como una persona problemática, a no ser aceptada nunca por la mayoría”.

Sin duda alguna, el futuro será feminista o no será. Pero para ello la educación feminista tiene que estar basada en respeto, en espacios de diálogo y de inclusividad. Si no queremos que un hombre nos mate, tampoco debemos matarnos entre nosotras, y menos por discrepancias que al final del día subyacen en lo mismo: el deseo de ser libres, de tener derechos y de vivir en igualdad y equidad. Nuestros espacios de diálogos también deben estar preparados para no juzgar a nuestras mujeres, a esas con constructos sociales, a esas mujeres machistas, o aquellas las cuales están en relaciones tóxicas y aunque lo reconocen no logran salir de ahí. Como portavoces tenemos que entender que tras estas mujeres hay un patriarcado esperando el momento justo para cantar victoria nuevamente, y debemos decidir si continuaremos fragmentando la lucha, o si educaremos para unir fuerzas.