Lujos del $7.25: todo lo que puedes hacer estando pelao

Mucha diversión...

La pasada semana el presidente de la Cámara de Comercio de Puerto Rico, José Ledesma Fuentes, expresó en una vista pública que “se podía vivir con $7.25 la hora”. Las expresiones de Ledesma “le sacaron el mostro” a los boricuas, quienes hacen malabares para pagar sus deudas en una economía que está bien jo**a.

Luego de que tuviera un intenso weekend cogiendo palos, no tuvo más remedio que disculparse, pero todos sabemos que muchos de los empresarios y políticos piensan de esa manera, solo que no lo dicen para no calentarse con la gente. Varios miembros de la Cámara de Comercio de Puerto Rico tuvieron que apretar el botón del pánico e irse de ‘media tour’ para alejarse de los comentarios de Ledesma y tratar de dar una explicación monga sobre lo que se debe hacer en el país para mejorar la economía, como si las personas fueran zánganas y no vivieran en carne propia lo que es vivir de quincena a quincena.

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Tampoco olvidemos que este tipo de pensar no es nuevo dentro de esa oligarquía criolla, pues recordemos hace algunos años atrás el “such is life” de Jaime González a los residentes de Ceiba a los que les dijo que “al menos iban a poder ver gente comprando en tiendas caras”, y el “losers” de Alberto Bacó a los que criticaron el traer a millonarios pa’ que siguieran haciendo chavos en Puerto Rico de forma fácil. Al parecer, estos muchachones piensan todos igualitos. Desde El Calce le recordamos que no está mal hacer billetes, lo que está mal es guisar a cuesta de otros, y mientras el pueblo está asfixiado y recogiendo motetes para irse del país, algunos poquitos siguen poniendo esas cuentas de bancos piponas.

Hoy nos vamos al nivel de estos muchachones (o sea, nos bajamos a su nivel), y con mucho cinismo hablamos de toda la diversión y placeres que puedes encontrar con $7.25 la hora.

-Ir a Plaza Las Américas: quizás no tienes el dinero para comprar como quisieras y como te mereces después de darle 40 horas a un patrono, pero al menos puedes coger aire acondicionado, hacer window shopping beber agua en la fuente, saludar conocidos y dar trillas en las escaleras eléctricas.

-Ir al aeropuerto a ver aviones despegar: no hay nada más divertido que ir a un aeropuerto, ya que entre las lágrimas de las familias que tienen que despedirse porque tienen que abandonar el país ante la falta de oportunidades, también podrás ver aviones despegar a la misma vez que le dices “adiós” con la mano a los boricuas que van en la nave. Pura diversión.

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-La playa: no hay nada más divertido que ir a la playa, especialmente a uno de los balnearios tan bien cuidados por el Departamento de Recursos Naturales. Allí podrás dividir una bolsa de Doritos junto a tu familia, y junto a un padrino de refresco sin hielo disfrutar que quizás no tienen mucho, pero pueden nadar en las cristalinas aguas… siempre y cuando el mar no se esté comiendo la playa.

-La plaza pública: nada como tener una conversación con los parroquianos que se sientan en los banquitos de las plazas públicas, y hablan del pasado donde al menos se prendían las fuentes y podían ver una coreografía acuática. El único problema es que solo puedes hacerlo durante el día, ya que en las noches los banquitos sirven de cama para decenas de personas sin hogar.

-La vuelta del pen***o en el Viejo San Juan: si quieres disfrutar y gozar sin parar, debes darte la famosa vuelta por el Viejo San Juan para que la pases brutal en el tapón, a la misma vez que observas como la arquitectura colonial se ha ido fastiando poco a poco.

-Reflexionar debajo de un palo: uno de los mejores ejercicios para lograr la paz mental es la reflexión, y que mejor que analizar tu estatus económico debajo de un palo de mangó. Te recomendamos que si no te llega nada a la mente, puedes poner un poco de los videos de Daniel Habif si tu conexión de Internet te lo permite.

¿Ven? Se puede pasar fenomenal sin gastar ni un dólar, mientras el país sigue hundiéndose porque empresarios y políticos siguen jugando el juego de la soga, y es la clase trabajadora la que pierde.