Lucha de clases: ni el amor a la alcapurria nos une

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Los políticos le huyen al tema, los demagogos se aferran a él para justificar cosas que están mal y Daddy Yankee lo usó para convertirse en el &#39poster child&#39 de materialismo. La lucha de clases es el tema que durante las pasadas décadas han tocado con un guante de seda, y si no es por el cancionero popular, básicamente era pecado mencionarlo en algún debate serio. Es curioso que en esta isla se puede bailar una desgracia en bomba y plena, pero no podemos dialogar sin acusarnos de cuanta viJne. Incluso, es más cómodo hablar de sexo y moteles con tus padres que tener una charla sin levantar ronchas cuando se menciona el pulseo entre clases sociales.

Yo no sé si el término “lucha de clases” es el correcto, porque más bien la batalla es entre grupos ya que las mismas clases tienen subdivisiones, y algunas de ellas ni pelean porque están tomando una siesta en una hamaca o borrachas de champaña. Por un lado tenemos a la monarquía puertorriqueña (los verdaderos ricos) que se compone de unas pocas familias que administran la isla como si fueran fincas. Luego están los “riquitillos” (algunos son soplapotes que llegaron a ese nivel por hacer manda’os en la política) o guaynabitos, después están los “new rich” (aquí hay muchas figuras públicas y son lo más que frontean y hablan de “sacrificio”) que nadie se explica cómo carajo llegaron ahí.

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En la clase media básicamente es un conglomerado de seres humanos. Piense en un carnicero cuando va a hacer carne molida, que mete lo que sea (LO QUE SEA) y al final to’ es lo mismo. Estos viven del cheque a cheque y a fuerza de cerveza barata. En los pobres tenemos al que mete caña y se faja pa&#39 echar pa&#39 lante, pero el Estado hace que esté como hamster que corre un maratón en una rueda. También tenemos al listo, al que sabe que si se trabaja mucho o poco, va a comer lo mismo. Y no olvidemos al que se rindió, ese que se queja del sistema, pero no saca babilla para cambiar su realidad.

En los últimos años se le ha dicho a la “clase media” que su aportación a la economía boricua no es tan importante. Trabaja, titán… pero no te creas mucha cosa. Contrario a lo que se decía antes que “la clase media mantenía a la pobre”, ahora se dice que no, que la inmensa mayoría del dinero que sirve para Vivienda Pública, Plan 8, WIC, asistencia nutricional y tarjeta de salud es de fondos federales. Según las enseñanzas de la biblia de Andrew Álvarez, esto me llevaría a una reflexión: ¿pa’ qué diantre Estados Unidos le suple tantos chavos a una colonia quebrá? En los imperios, las colonias se administran, no se “añoñan” como el benjamín de la familia. Incluso, en marzo de 2012 en el programa El Circo presentaron datos para demostrarle a la gente que la isla no era mantenida. La historia no dice que Estados Unidos se dedique a la filantropía universal. Raro, ¿no?

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Si es cierto que sin Estados Unidos no podemos vivir, la izquierda del país que profesa tanto el populismo y está “tan comprometida con las causas nobles”, ¿sabrá esto o se hacen los locos pa’ empujar un ideal que ya lo único que le obsequia al pueblo son frases? Si somos una isla “tan mantenida”, ¿a dónde va el dinero que le quitan a los contribuyentes? ¿A dónde va eso que colectan del impuesto a la venta? ¿Hay alguien serio y sin agendas ocultas que nos pueda explicar todo en baby food? Lo necesitamos rush, desglosado de una forma clara y que la gente sepa hacia dónde diablos va lo que aportan. Esto al menos aclararía dudas y evitaría malentendidos. ¿Le conviene al gobierno? Pffttt.

En el año 2011, el 40% de los puertorriqueños cogía cupones. A principios de este mes, salió un reportaje que la MITAD (1.3 millones de personas) estaba recibiendo esta ayuda. Si la mitad está en un nivel de pobreza que necesita ayuda económica, ¿qué provoca que las personas no quieran un cambio en su bolsillo? Digo, porque a nadie le gusta estar en la quilla mucho tiempo.

Por otro lado, un rotativo hizo un artículo de que no hay “una fuga de cerebros” (aunque usted conozca por lo menos 10 profesionales que arrancaron pa&#39 los niuyores), sino que las personas que se están yendo a los Estados Unidos son pobres con baja escolaridad. ¿Y entonces qué pasó aquí? ¿Los “pobres” se están multiplicando como cuando uno le pega manguera a un gremlin o los números están bien al garete? Si supuestamente son “los pobres” los que se están yendo, ¿cómo es posible que haya más gente cogiendo cupones que en años anteriores? ¿O es que las personas renunciaron a su trabajo, se buscaron otro empleo por debajo de la mesa y están cogiendo PAN por el la’o? ¿Se peinan o se hacen rolos?

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Yo nunca he creído en las cifras que da el Estado, porque yo sencillamente no le creo a los que dirigen este Estado. Los números son manipulables, pero la realidad no. La batalla entre grupos es innegable, y los más perjudicados son los del medio y los pobres que quieren salir del hoyo. Los han pilla’o, los han tostonea’o y después les dicen “no te quejes”. La irresponsabilidad del Papá Estado perpetúa la dependencia y penaliza al trabajador de abajo, porque el que está arriba se gana un sueldazo dizque haciendo que hace, a lo Juan Eugenio Hernández Mayoral, cuyo único mérito es tener la pipa más elaborada y fétida del gobierno.

Sun Tzu escribió que “el arte de la guerra se basa en el engaño”. Y así nos tienen: confundidos y peleando en Facebook. Nuestro enemigo no somos nosotros mismos, es la bota que nos pisa. ¿Cómo unimos a un pueblo? Si el cuarenta y pico por ciento de una población recibe ayudas de ese Estado, no hay sublevación que valga. Aquí cada vez que alguien con sinceridad subraya lo que está mal para arreglarlo, le caerán chinches donde se acusará de “clasista” y “neoliberal”, usando palabras rebuscadas porque hay que callar la razón, porque el chanchullo y la vagancia hicieron una tregua hace tiempo. El problema no es simplemente de los cupones, es de espíritu, de que no hay voluntad para cambiar lo que debe ser cambiado.

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Ya está bueno de tanto ñeñeñé. Las cosas hay que decirlas como son: en Puerto Rico hay demasiados mantenidos: de arriba y de abajo. Un esclavo con la barriga llena no se le rebela a un patrón por más abusador que sea. Puerto Rico necesita una mentalidad más combativa y apasionada, porque estamos tan dóciles que la verdad la vemos como una ofensa, y de aquel refrán de que “lo regala&#39o no luce”, ya hasta nos acostumbramos y hacemos lo posible pa’ vivir del canchanchaneo.

Al son que vamos, seguirá subiendo la cantidad que personas rendidas que creen que la Patria se hace en un juego de baloncesto con una jumpa. Abre los ojos, boricua, antes que Juan Eugenio explote sobre nosotros.