Los derrumbes nuestros de cada día

Una columna por Josué Montijo

El historiador y ensayista Rafael Rojas utiliza una atractiva frase para referirse al contexto arquitectónico de La Habana (Cuba). Dice que allá ha ocurrido una rutinización de los derrumbes.

La frase bien pudiera aplicarse a Puerto Rico. Si miramos la prensa damos cuenta que acá ocurren grandes derrumbes, y no necesariamente vinculados a lo arquitectónico (aunque los hay). Algunos de esos derrumbes son nuevos y hay otros cuyos orígenes pueden rastrearse tiempo atrás. Derrumbes, muchos, seguiditos. Así se va instaurando su rutinización.
 

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Bajo el lema del ahorro gubernamental, en un país asolado por variadas crisis, asistimos al derrumbe del sistema de educación pública. El gobierno pretende cerrar casi 300 escuelas aludiendo, entre otros argumentos, a la necesidad de maximizar sus recursos. La ansiada maximización incluye, por supuesto, otorgar varias escuelas a empresas privadas mediante el modelo charter. Y habrá quien diga que tal cosa no es ningún derrumbe pues son escuelas que —según los portavoces del Departamento de Educación (DE) y su criterio de dudosa fiabilidad— ya no cumplen su función.
 

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El tema de la funcionalidad es debatible pero no es ahí donde únicamente veo el desmoronamiento del sistema. Qué tal la manera en que la administración gubernamental, encabezada por la secretaria del DE, ha manejado el tema. Si fuera mal pensado diría que en todo esto reina la chapucería, como si en el fondo les importara poco la decisión y sus consecuencias para los niños y niñas afectadas, paras los padres, para las comunidades y para el resto del país.
 

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La estela de fiascos de Julia Keleher es extensa. Sin empacho alguno dice una cosa hoy y otra muy distinta mañana, y se acabó. Inauditas son las contradicciones sistemáticas de Keleher e igual la manera en que evade la información que se presenta para dejarla en evidencia. Y ella continúa, jefa, cobrando su jugoso sueldo.

Keleher cuenta con el pleno aval del gobernador. Y ahí presenciamos otro derrumbe, porque si un funcionario tan importante como la secretaria del DE actúa de la forma que lo hace con impunidad, pues no esperemos una sana rendición de cuentas de su jefe que fue electo para dirigir las riendas de la administración gubernamental y que, en última instancia, asumirá plena responsabilidad.
 

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Derrumbe brutal el desmantelamiento de toda la legislación de protección laboral, bajo el argumento que dicha protección impide la creación de empleos. Y pongamos que en efecto la eliminación de la protección laboral ayudara a la creación de empleos, lo que dudo profundamente, entonces vale preguntarse qué tipo de empleos se estarían creando. Empleos de miseria, empleos que nos condenarían cada vez más a vivir en precariedad. Asistimos pues a otra clase de derrumbes, vinculados al empuje de unas medidas de austeridad que empobrecerán a la clase trabajadora y generarán una avalancha de repercusiones en múltiples ámbitos de lo social y lo económico.
 

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Bajo el mando de la Junta de Control Fiscal la gestión administrativa de nuestra colonia se bandea en un juego de tintes politiqueros. La Junta impone por un lado y por el otro los gobernantes de turno alardean una resistencia que luce rara, sospechosa, como de comedia de situaciones. Ni hablar del grave derrumbe que implica todo eso, no solo para la clase política sino para las expectativas de poder afrontar y manejar en algún momento nuestra realidad de país.

La isla se está desmoronando pedazo a pedazo y muchos y muchas simplemente asisten, como a la tanda de matiné, para ver cómo se desploma todo para sufrimiento de muchos y el goce y beneficio de unos pocos.