Lo que no te dicen en la Escuela de Derecho

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Era el 2009, recuerdo aquel primer día de orientación en un salón auditorio, que casi no cabíamos, mis compañeros y yo, llegamos a la Escuela de Derecho a escuchar el brillante futuro que nos esperaba. Veníamos de diferentes profesiones, estratas sociales y con visiones de mundo distintas.

Rápido, comenzamos a escuchar lo que nos decían. Que si la teoría del derecho, que sí como buscar en la biblioteca hasta como pagar la escuela. Allí, la mayoría, empeñamos nuestro futuro con un monumental préstamo estudiantil para costear lo que garantizaría nuestro futuro profesional y económico.

Tres años más tarde, llegamos a la graduación, todos compartiendo con nuestras familias y tras largas horas sin sueño, decíamos ¡Por fin, soy abogado! Sin embargo, en el horizonte, había una densa nube gris, que crecía y crecía y se acercaba como la lluvia de mayo que estaba por caer. Era el nubarrón de la reválida. El último escollo para completar la ruta.

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Aquellos que nos graduábamos en mayo, teníamos justamente tres meses para estudiar y memorizarse 12 materias para una examen desconocido. Comenzaban las teorías de que este año iban a colgar más gente, de que si la reválida de septiembre es más fácil que la de marzo. En fin, como típico puertorriqueño, escuchabas de todo. Y también comenzabas a recibir un bombardeo brutal de los repasos para estudiar, que si aquel es el mejor, que si el mamotreto del otro es mejor, que si combina este con aquel y con el otro. Todos aprovechándose de un graduando desesperado por tener su licencia para poder tirarse al mundo a ejercer y poder pagar su deuda.

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En esa llega septiembre, la mítica segunda semana, cientos llegamos al monumental Centro de Convenciones a sentarse en un gran salón, donde todos competíamos por lograr es premio, el famoso 596 para pasar la reválida. Terminas el examen, pones el último punto en la pregunta y comienza un largo trayecto de casi dos meses en la espera del resultado.

Llega esa semana, usualmente para Acción de Gracias y añadirle al drama, y anuncian los resultados. Comienzan la lluvia de status en Facebook de Pass y las lamentaciones por el Fail. Y ahí la vida te cambia. Piensas en que no valió la pena estudiar, que el esfuerzo y el dinero fue en vano, en fin eres un mar de nervios.

Y entonces decides coger la reválida en el próximo turno, en marzo. Y vuelves y te cuelgas. Y así sucesivamente.

La historia que les acabo de contar es la realidad de cientos de aspirantes que año tras año no logran aprobar la reválida de Derecho.

Para que tengas una idea, el porcentaje de pase en Puerto Rico es el más bajo de todo los Estados Unidos. Y en los últimos años ha ido fluctuando de 42% a 31%. Y cuando miramos los números por escuela el panorama es aún más desolador. Pero, ¿Por qué siguen admitiendo tantos estudiantes de derecho? ¿Qué hay detrás de todo esto?

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Recientemente se publicó que Puerto Rico es la jurisdicción dentro de los Estados Unidos que más estudiantes de Derecho son admitidos en las Escuelas. Esto en medio de una intensa cobertura mediática porque la profesión, a raíz de la recesión económica, no está proveyendo los empleos necesarios y bien remunerados versus la cantidad de préstamos y dinero que gastan los estudiantes para prepararse. Esto ha resultado en una reducción en la cantidad de solicitantes que han tenido las escuelas de derecho en Estados Unidos, obligando a algunas a despedir profesores y ajustar sus presupuestos a raíz de la baja en matrícula.

Pero ese no es el caso de Puerto Rico.

Aquí, como todo sistema mercantilista, seguimos prometiendo villas y castillas a unos estudiantes que ven la educación superior como la clave para un mejor futuro. Bueno, al menos eso fue lo que nos enseñaron nuestros padres. Pero la realidad no es esa.

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Si bien es cierto que hay que tener un filtro para la profesión, este no debe ser el examen de reválida; sino la admisión a las Escuelas de Derecho. Es un hecho, que mientras más riguroso sea el proceso de admisión más alta es la probabilidad de que las escuelas gradúen estudiantes con mejores aptitudes hacia el Derecho. De hecho, recientemente, un blog en el portal FindLaw, preparó una lista utilizando la información de la American Bar Association, la entidad acreditadora de la Escuelas de Derecho, para determinar las mejores y peores escuelas basado en los estudiantes que aprueben la reválida correlacionando el índice de ingreso ¿Y adivinen que? Las tres escuelas de Puerto Rico están en la lista como las menos que sus estudiantes aprueban el examen. Y peor aún, la primera que figura en este listado es la primera la Pontificia Universidad Católica con sólo el 32.4%.

Por otro lado, por ahí comentan que el campo legal en Puerto Rico está sobre saturado porque parte de la premisa que hay sobre 15,000 abogado licenciados para ejercer. Podrían tener razón, en un sentido, pero la realidad es que en la Isla aún hay mucho espacio en áreas de Derecho que están mínimamente cubiertas.

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Me viene a la mente lo que es derechos de autor, el área de permisos, registro de la propiedad, derecho administrativo para negocios, contratos para PYMES, asesoría legal técnica en recursos humanos y el derecho ambiental – que será un área de mucho litigio en el futuro por el calentamiento global y sus efectos –. Esta lista es solo una rápida en áreas del Derecho donde aún hay espacio.

Pero, mientras sigamos viendo a los estudiantes como una mina de oro para las universidades e industrias relacionada, la realidad es que no va a pasar nada. Seguirán entrando a las Escuelas, se graduarán, cogerán el examen, se colgarán y así seguirá la rueda dando vueltas y vueltas, mientras la deuda de los préstamos estudiantil sigue creciendo y creciendo sin misericordia; hasta que nos aplaste y tengamos a cientos de abogados como paralegales glorificados ganando $7.25 la hora.