Las lágrimas que Bad Bunny le ha sacado a la élite cultureta

Suenan las cornetas de “Chambea” y se prende la pen***á. Su nombre es Benito Antonio Martínez, y nos gusta recordarlo porque la última persona que cargaba ese nombre debe tener ahora mismo 86 años, si es que vive.

Conocido como Bad Bunny, este chamaco de solo 24 años está más pega’o que unos calzoncillos size 38 en las nalgas de El Molusco. Confieso que cuando lo vi y escuché por primera vez con Papi Arca en “Tú no vive así”, no me impresioné ni entendí el &#39hype’ que estaba teniendo el chamaco. ¿Las líneas en la cabeza? Esas las habíamos visto ya con Residente en el 2005. “Meh, yo no soy el target”, dije en aquel momento a la misma vez que los últimos suspiros de la juventud se escapaban de mí.

El tipo siguió zumbando canciones, los carros las sonaban a to’ jender porque en la radio no tenía break, las redes no paraban de hablar de él, y cuando vine a ver ya estaba tarareando los coros que tiraba. El mimado de Padilla’s Pizza en Vega Baja comenzó a vestir diferente, hizo su marca personal, y cuando nos dimos cuenta ya estaba caminando en las alfombras rojas. “¿Quién es ese loco?” decían los cuerdos que siempre viven en la inacción y tienen miedo a atreverse a hacer cosas diferentes.

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Foto de Benito pa&#39 los tiempos en que le decían "te quiero solo como un amigo"

Hace una semana los doños, culturetos, oyentes de música clásica, Gen Xers (esos que juran que “su época fue mejor” y viven aferrados a ella) y los “siempre indignados” se enteraron quién era el señor Bunny por una certificación que recibió del gobierno. Estos intelectuales, todólogos y puristas boricuas pegaron el grito en el cielo porque pensaron que era un reconocimiento o premio por cantar trap. Rápido se culiardieron y lo que vino después fue un desfile de elitismo, un tsunami de lágrimas de cocodrilo, dejando claro que pueden tuitear de cuánto aman a la isla bendita, pero tan pronto alguien de abajo la pone en la China hay que bajarlo a pedrás “porque esa no es la imagen que queremos transmitir al mundo”.

Esto me está bien curioso, porque por un lado hablamos de la clase pobre, de hacerle justicia, de que puedan cumplir su “american dream”, y de que puedan obtener las mismas riquezas que la clase alta, pero tan pronto un pobre se supera, queremos imponerle cómo es que debe actuar y hasta qué diantre tiene que hacer con su dinero para que sea “digno ante sus ojos”.

A mucha gente le encanta la clase pobre… sí, pero le encanta la clase pobre jodía, sin ánimos de superarse porque pueden usarla para seguir lavándose la cara (y “purificando sus pecados”) en los medios y en el Internet, y venderse como paladines de los sufridos. Viniendo de abajo, del barrio y caserío, y de los cupones, esto a mí me hierve la sangre porque todos los que hemos tenido que vivir con la alacena contá, sabemos que no hay nada romántico en la pobreza. Todo aquel que idolatra la carencia, es porque nunca ha visto llorar a su vieja desesperá&#39 por su situación económica. Es fácil zumbar 10 tuits desde el sofá hablando de lo que hay que hacer para poder sobrevivir en la pobreza… lo malo es vivirlo.

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Muchos también se “maravillan” con la historia de Benito, ese chamaco que salió del supermercado, que dropió la universidad y que se fue directamente a buscar sus sueños en la música. Corillo, como él han salido los otros que hoy escuchamos (menos Coscu), lo que pasa es que Bad Bunny se atrevió a contar su historia, y para mí es lo mejor que ha hecho porque le da esperanza a un montón de gente que ahora mismo están en algún shitty job, cobrando una porquería, con un carro &#39estartalao&#39, y que solo quieren alcanzar sus metas. La gente cree que porque su vida ha sido de una manera, así mismo ha sido la de otros; no, todos tenemos diferentes circunstancias y experiencias. El camino de todos es diferente, por eso el criticar en cómo fulano o mengano debe (o debió) hacer las cosas, es hablar mierda.

Nadie sabe cuántas veces Bad Bunny fue a un estudio de grabación y le dijeron “Papo, eso está bueno, pero no sirve”. Nadie sabe todo lo que tuvo que chuparse en el camino, las frustraciones, los desplantes, las pichaeras, y las veinte promesas que seguramente le hicieron cuando empezó a pegarse. Y así lo vivieron otros, tanto del reguetón y el trap, como de otros géneros. Tú que estás leyendo esto quizás también has vivido eso de ir a entrevistas de trabajo y ser rechazado, o que digan que lo que haces es una porquería. Entonces, ¿por qué pensar que estos chamacos llegaron a un estudio, dijeron tres versos y rápido están en las papas? Todos hablan de llegar a la cima, pero no de cuánto cuesta llegar a ella… y cuando llegas, te van a criticar sin conocer lo que te lambiste. Estos chamacos tienen algo súper valioso: se atreven a ejecutar y no se quedan en el eterno análisis como hacen “las grandes mentes” de mi país.

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¿Qué Bad Bunny no tiene las mejores letras? Yo escucho todo tipo de música (especialmente rap en español) y tengo que decir que hay letras para toda ocasión: unos días quiero escuchar música simple pa’ relajarme, y otras días quiero letra pa’ alimentar la chola. Tampoco con mis 35 años puedo juzgar o criticar lo que oye un chamaco de 19 años, porque a esa edad yo solo quería oír a esos grandes trovadores urbanos llamados Wisin y Yandel, Héctor y Tito, y Don, y también muchas veces escuché el disparate de “el que escucha esa música es bruto”. Y los viejos no pueden hablar mucho de la pureza de las líricas, como si ellos hubiesen consumido, olvídate, solo odas a la naturaleza y versos de puro amor… ujum, como si el erotismo en la música se lo hubiesen inventado estos nenes de ahora y Frankie Ruiz cantara coplas gregorianas.

Yo no sé si alguien le ha dicho a los culturetos (los mismos que no se pierden el programa de Chucho Avellanet en WIPR y las bohemias de borrachos) que existen aplicaciones de música como Spotify, Tidal, Pandora o Apple Music, y que tienen música ahí por un tubo y siete llaves; no están obligados a escuchar “Krippy kush”. “Ay, es que los niños escuchan esa música”, pues es su deber sentarse con ellos y explicarle el contenido… o hacerse de la vista larga y seguir pretendiendo que los artistas le críen los hijos. Sí, sabemos que lo más duro de la crianza es educar y hablarle a los nenes de realidades; es más fácil mirar la foto en Facebook del pibe que saca solo A’s (como todos en estos tiempos), cerrar los ojos y creer que el chamaquito solo escucha “Atención Atención” con 11 años. Ujum, y si los papás eliminan el trap y el reguetón, el mundo será mejor, no habrá más guerras y todos tendrán un IQ de 160.

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La música que hace unos años doña Velda quiso blanquear, ahora es el producto nacional más consumido en el mundo. Esto tiene que ser como una bofetá en la cara a toda esa gente de la alta alcurnia (y otros que sueñan pertenecer a esos círculos) que no les ha quedado más remedio que decir (con las muelas de atrás) que “escuchan una que otra canción de reguetón”. ¡Seguro que sí! Por más fea y cruda que sea la calle, por más que intenten esconder las realidades que en ella hay, siempre encontrará la forma de mostrarse tal cuál es… y nada pueden hacer. Bad Bunny, Ozuna y compañía, sigan metiéndole be****o, establezcan ustedes mismos su ruta y no se dejen llevar por gente que le encantaría que ustedes siguieran pobres y jodíos.

Culturetos, hay muchísimos tipos de música que “limpiar y perfumar”, no solo es el género urbano. Metan mano en el resto de la música del planeta Tierra a ver cómo les va en su misión de salvar el mundo con críticas desde una butaca. By the way, se les cayó algo al piso: ah, sí, es el clasismo que no pueden evitar.