La travesía de Alejandro hasta el Banfield… y lo que falta

 

Alejandro Silvestrini Guzmán apenas tenía dos años y medio cuando entendió que su futuro llevaba acento, pues se escribía con “fut” de fútbol.

“El deporte me llamó mucho la atención porque era muy activo, me gustó”, resume Alejandro el porqué de su afán a vivir pegado a una pelota de cuero, como le cantara Calamaro a Maradona.

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ALEJANDRO SILVESTRINI GUZMÁN: "Mira, primero son los estudios. Mi clase favorita es historia, historia de Puerto Rico" (Dennis A. Jones).

Esta no será la primera alusión a Argentina que veremos en esta narrativa. Resulta que ahora, a sus 13 años de vida, Alejandro, el nene que juega fútbol, el del octavo grado del School of San Juan, se prepara para irse a vivir y estudiar a Buenos Aires, tras firmar un acuerdo de desarrollo con el Club Atlético Banfield, uno de los más longevos de Argentina.

“Mi entrenador me llevó a Argentina y ahí estuve 15 días. Me vieron, me llamaron de nuevo, estuve 15 días más practicando con ellos y entonces es eque me dicen que querían que firmara”, dice en esta entrevista con El Calce.

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El Dream Team de Alejandro. De izq a derecha: el coach Ricardo Romano, papá Otto, Alejandro y abuelo Rubén. Faltan las jefas, mamá Dianelsie y titi Eileen, que dirigen el asunto desde la base. (Dennis A. Jones)

No soy el primer boricua en jugar allá, pero creo que sí el más joven en firmar. Ahora quiero hacer todo el proceso en esa Liga hasta llegar a profesional y trabajar más duro para que un club europeo me pueda comprar”, agregó, con la elocuencia de un futbolista que lleva décadas en estas lides.

Bueno, no lleva décadas, pero más de un 80 % de su vida ha sido puro fútbol. Su papá Otto Silvestrini recuerda aquellos primeros pasos con el balón, un Mitre que aún el muchachito conserva.

“Nunca nos ha roto ningún jarrón o ventana, pero sí se ha llevado par de matas por el medio”, rié de aquellos primeros momentos de fútbol de Alejandro, en casita con su mamá Dianelsie Guzmán o con titi Eileen o con el regalón abuelo Rubén, quien, de hecho, le trajo de Estados Unidos unas zapatillas de fútbol que le sirvieran a esa edad pues en Puerto Rico no conseguían.

“A los dos años y medio lo llevamos por vez primera a que lo vieran en Baldrich”, recordó Otto sobre el comienzo de Alejandro en los entrenamientos que impartía el el conocido obrero del fútbol, Freddie Moránl en este complejo deportivo de Hato Rey. Allí estuvo Alejandro hasta los siete años de edad.

“A los siete años, Freddie nos dice que vayamos a ver otro entrenador porque ya no había nada más para Alejandro en ese nivel, que había que buscar algo más especializado”, recordó.

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Alejandro Silvestrini Guzmán: “Y cuando vaya a dónde vaya siempre digo que soy puertorriqueño y si me preguntan cómo somos y cómo es de dónde vengo, pues yo les digo que somos una isla pequeña, pero con mucho corazón”. (Dennis A. Jones)

 

Ese entrenador fue el argentino Ricardo Romano, quien durante años ha laborado con talento joven en las instalaciones de Country Club, en Carolina y en el campo de Monte Claro, en Bayamón, con su Romano Soccer Academy.

“Me impresionó mucho cuando lo vi, porque a su edad tenía unas habilidades y sentido de fútbol que no muchos muchachos en Puerto Rico tienen”, resaltó el preparador argentino.

“O sea, su manejo de balón a esa edad, no paraba para pensar a donde ir, si no que sabía como controlarlo. Uno lo veía a esa edad y se daba cuenta rápido de su habilidad”, recordó Romano, cuyos lazos de años con el Club Barfield lo posiciona como uno de los principales miradores de talento en Puerto Rico para el fútbol argentino.

Con la llegada de Romano comenzó también el idilio de Alejandro con el fútbol argentino. Aunque no vacila en mencionar que su jugador modelo en el fút profesional es el español Saúl Ñíguez, “del Atlético de Madrid, mi equipo favorito de la Liga de España”, tiene un romance con el balompié gaucho que se palpa a flor de piel.

“A él también lo han visto en España, y recientemente participó de un torneo importante en Irlanda, de talentos internacionales de su edad, pero cuando apareció esta oportunidad él no vaciló en decir que sí. Me decía: &#39Ay, papá, es que en Argentina juegan el fútbol con otra pasión, qué se yo’. Es loco con el fútbol argentino”, dijo Otto, a la vez que mencionaba que “desde que sabe que va a Argentina se levanta a entrenar a las seis de la mañana”.

Como cuestión de hecho, el resultado de la Copa Mundial, ganada por Francia, no le molestó, pero Alejandro no puede evitar dejar escapar un tímido “yo quería que ganara Argentina”, mientras se le pierde la mirada en el cesped.


Tranquilo, chico, que ahora vas pa’ la tierra de Diego y de Batistuta y de Zanetti y de Riquelme y de Messi. Oye, pero no te olvides de Puertorro cuando estés en las papas con algún club europeo. ¿O. K.? ¡O. K.!

“Mira, primero son los estudios. Mi clase favorita es historia, historia de Puerto Rico”, aclaró Alejandro.

“Y cuando vaya a dónde vaya siempre digo que soy puertorriqueño y si me preguntan cómo somos y cómo es de dónde vengo, pues yo les digo que somos una isla pequeña, pero con mucho corazón”, puntualizó de un puntapié.

Pendiente a este pibe boricua. Aquí huele a gol.