La diva, educación pública y escuelas charters

Lady Keleher en la de ella.

Un golpe de efecto.

La gran diva miró a su interlocutora, dio media vuelta y se alejó presurosa del escenario. Gracias y buenas tardes, fueron sus últimas palabras.

Salida insospechada, un chin dramática. Atrás quedaron las miradas atónitas de todos los presentes.

No bajó el telón ni apagaron las luces. Solo la diva, por razones o antojos de su exclusivo conocimiento, salió del proscenio. El descontento no se hizo esperar.

Luego ella explicaría a los medios noticiosos, echando mano a la locuacidad que la distingue, que se marchó por una cuestión de respeto. Dizque allí no la querían. Algunos expertos llamarían tal alegato una recomposición de escena.

No hablo de teatro y la diva es Julia Keleher, secretaria del Departamento de Educación.

Todo ocurrió el viernes 16 de febrero en el Teatro Tapia del Viejo San Juan. Se celebraba un foro organizado por la Asociación de Maestros, sindicato de los educadores del sector público, sobre el tema de las escuelas charters, los vales educativos y su impacto en el sistema de educación pública en los Estados Unidos.

La secretaria, según trascendió públicamente, no fue invitada al evento, más bien ella se autoinvitó y explico. El foro fue organizado para beneficio de los maestros/delegados de la organización sindical, con motivo de los proyectos de ley radicados en las cámaras legislativas (PC 1441 7 PS 825) y que buscan enmendar la ley orgánica del Departamento de Educación. Estos proyectos, impulsados por el gobernador, viabilizarían el nuevo intento para implementar los vales educativos y la operación de las escuelas charter. Como el foro se celebraría en horas de trabajo, los maestros/delegados quedaban obligados a contar con la autorización de su jefa, es decir, la secretaria del Departamento de Educación. Keleher, con una gran oportunidad en sus manos, condicionó su autorización a que se le diera tiempo para estar allí y hablarle a los asistentes. Nada del otro mundo, simples cuestiones de poder.

El sindicato, sin mucho espacio para evadir la situación, aceptó su presencia para que los maestros/delegados le hicieran cuantas preguntas entendieran a bien.

Escasos minutos duró la presencia de Keleher, pero fueron suficientes para ella hacer gala (hay que decirlo) de esa destreza comunicativa tan directa como chocante que la caracteriza desde el primer día que firmó su contrato. Confieso que ella me tiene un tanto confundido, no sé si lo suyo es estudiado cinismo o es que hay un poco (o mucho) que se pierde en la traducción.

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Keleher, cuando hizo pizza junto a Jay Fonseca.

Con Keleher sucede igual que con Trump: hablan y me imagino las peripecias de un elefante paseándose en una tienda de cristalería fina.

Quizá suene chistoso pero el asunto no lo es. Bajo la supervisión de Keleher, o cualquier otro secretario(a), queda una entidad gubernamental demasiado importante para el país. A la hora de plantear una transformación radical como la que supone ser las escuelas charter —tanto para los alumnos como para los trabajadores del sistema— el asunto debe manejarse con gran diligencia. La actitud del gobierno y de Keleher, matizada en última instancia por su comparecencia y huida del foro aquí reseñado, da al traste con el sentido de responsabilidad y ponderación con los que precisamente deben atenderse estos asuntos.

Conductas como esas dejan mucho que desear y plagan el panorama con más incertidumbres de las que merecemos.

La privatización de la educación pública la veo como el caso de la AEE. No niego que hay que hacer cambios, y cambios reales no de esos que trastocan todo para que al final ese todo quede igual. Mas no compro el cuento de que pasarlas a manos privadas es la solución mágica que acabará con las desdichas del sistema y con las desdichas de todos los que usan esos servicios. Es más, apuesto que si nos ponemos a expurgar bien muchos de los proponentes y/o defensores de la privatización tampoco están convencidos de que es una solución eficaz para el país.

Todo apunta a pura estrategia de ventas, el viejo truco de vender espejismo, ilusiones, humo. Y de paso, cómo no, adelantar a toda velocidad intereses privados en detrimento de eso que todavía me gusta llamar el bien común.