La clasificación al Mundial y a las Olimpiadas son asuntos menores

Por: Javier Sabath González 


A veces perdiendo se gana, pero el lunes ese no fue el caso. Puerto Rico cayó derrotado vía paliza 106-84 ante Argentina, como parte de la segunda ronda del proceso clasificatorio al Mundial de China 2019. Los argentinos, con el juego colectivo que los caracteriza, desarticularon por completo al quinteto boricua que, como ha sido costumbre, para tratar de competir recurre a las individualidades de José Juan Barea.

Esta edición de Puerto Rico tiene una media de edad de 29 años. Cuatro de los titulares sobrepasan los 30 años: Barea, con 34; Ángel Daniel Vassallo, 32; David Huertas, 31; y Ricky Sánchez, 31. El otro titular es el pívot Jorge Brian Díaz, que en noviembre cumple 29 años. Tanto Barea como Sánchez y Javier Mojica –34 años– están participando en su cuarto ciclo olímpico, mientras Vassallo y Huertas están en su tercero.

En los pasados 12 años, Puerto Rico ha visto acción en los tres mundiales: Japón 2006 (por invitación), Turquía 2010 y España 2014. En cada uno de ellos quedó eliminado en la fase inicial, siendo Japón 2006 la mejor actuación al recopilar marca de dos victorias y tres derrotas.

Por otra parte, no clasifica a los Juegos Olímpicos desde Atenas 2004 y después del Mundial Indianápolis 2002 solo ha conseguido dos victorias ante equipos europeos: frente a Eslovenia y Letonia, en los repechajes olímpicos del 2008 y 2016, respectivamente.

Durante esta década, más allá de las medallas a nivel regional y continental, Puerto Rico no ha logrado nada. Inclusive, ha confrontado problemas para vencer en la región. Evidencia de esto es la recién conquista pírrica en los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

Tras desaprovechar la oportunidad de debutar a los prospectos colegiales, los “12 Magníficos” tuvieron que emplearse al máximo para poder alzarse con el oro en una competición de muy bajo nivel.

Tomando en consideración las recientes actuaciones de Puerto Rico, ¿qué nos hace pensar que este núcleo de jugadores veteranos –con vasta experiencia en la Selección adulta y ningún margen de mejora– va a obtener resultados a nivel mundial que en el pasado no obtuvo?

Ya es hora de pensar en el colectivo, en el futuro, y no en un boleto mundialista. Por tal razón, lograr la clasificación al Mundial de China 2019 y a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 son asuntos menores.

Desde mi perspectiva se debió diseñar un plan que involucrara a los jugadores del programa adulto con los principales prospectos que componen las selecciones juveniles y, principalmente, con los que recientemente formaron parte de ellas, como es el caso de Arnaldo Toro, Iván Gandía y Jesús Cruz, entre otros. Poner ese plan en marcha durante este ciclo olímpico adelantaría el proceso de cara a París 2024 y a Los Ángeles 2028.

Tal vez para esta ventana no hubiesen podido participar debido a sus compromisos universitarios, pero sí podían haber practicado en el verano, podían haber ido a Barranquilla, inclusive podían haber sido incluidos en la ventana de verano o el año pasado en el AmeriCup, como se hizo con Tyler Davis.

¿Por qué no se hizo? A veces la obsesión por triunfar es tanta que se nos olvida que en ciertos casos se gana más perdiendo que ganando. Y, desgraciadamente, eso es lo que se percibe en nuestro baloncesto masculino.

Por otra parte, el Baloncesto Superior Nacional tiene que dejar de ser una piedra en el camino de la Selección. El Equipo Nacional se nutre primordialmente de jugadores que participan en el torneo. Sin embargo, los principales eventos internacionales se llevan a cabo durante el verano, precisamente cuando se juega el BSN.

¿Por qué Ramón Clemente no vio acción en la recién culminada ventana? Porque se lesionó en la atropelladísima temporada 2018 del BSN, en otro ejemplo más de cómo el torneo nacional tiende a trastocar la preparación de la Selección. Adaptarse al calendario FIBA, además de contrarrestar esa realidad, les brindaría a los canasteros la oportunidad de mantenerse activos la mayor parte del año, en lugar de competir en un apretado torneo de cuatro meses que apenas deja tiempo libre para practicar y descansar.

Si bien la decisión de adoptar cambios a mitad de un proceso de clasificación mundialista puede dejar un mal sabor y costar una que otra victoria en el corto plazo, hoy es más evidente que nunca que el sacrificio es impostergable si el objetivo es acercar a Puerto Rico a los primeros planos del baloncesto global dentro de la próxima década.


*El autor es moderador y productor del programa radial Impacto Deportivo, que se transmite todos los sábados de 2:00 p.m. a 3:00 p.m. a través de las ondas de Radio Paz 810 AM.