Hoy considero ser parte de la estadística

"¡Me rehúso a ser parte de la estadística!", "¡Yo quiero aportar algo a Puerto Rico!"

Con esas dos oraciones suelo responder cada vez que alguien me pregunta si estoy pensando en mudarme del país.

Ya yo viví "allá afuera". Ya extrañé a mi familia y bregué con un clima más frío que el corazón de Romero Barceló. Durante cuatro años, practiqué mi inglés, expliqué dónde en el mapa se encuentra esta joya caribeña y vacilé con par de gringos.

En este momento histórico en Puerto Rico, respeto a los que se quedan. A los que se amarran de su casa tropical aunque el viento los azote todos los días con frases como "la cosa está mala" y "aquí no hay opciones". Respeto a los que se quedan, aunque semanalmente se encuentran con anuncios que ofrecen empleos bien asalariados en su querida Florida o en "los nuyores". Respeto a los que piensan que pueden logran un cambio y que saben que las esperanzas de un mejor país está en nuestras manos.

Respeto a los que se van indefinidamente, porque, para tomar esa decisión, hay que tener los pantalones en su sitio. Pero siempre he respetado más a los que se quedan y se las juegan por "La Isla del Encanto".

Estos pensamientos me han empujado a seguir trabajando los últimos años. La idea de que la cosa puede mejorar, eventualmente, es lo que me da las ganas de levantarme por la mañana. El saber que el simple hecho de tener trabajo en estos momento me hace ser una muchachita afortunada, me quita las ganas de quejarme… Pero, por primera vez en los tres años, que llevo de vuelta a la isla, tengo que decir que estoy empezando a entender a los que se van.

Llevo poco más de un año convenciéndome de que no es necesario abandonar esto aquí; pensando que la cosa va a mejorar, que los sueldos van a subir y que, en algún momento, voy a poder volver a recoger mis bártulos y salir de la casa de mis viejos (a la cual regresé luego de vivir sola en Estados Unidos). Me convenzo de que en algún momento mi papá va a poder dejar de quemarse trabajando bajo el sol y que mi hermana (que trabaja más que cualquier otra persona que conozco) va a poder poner a sus hijo en la escuela que ella quiere.

Es frustrante y "pesao" escribir esto, pero, ¿Qué opciones tenemos? ¿Ser conformista y "bregar con lo que hay"? ¿Seguir trabajando día y noche por algo que no va a cambiar pronto? ¿Está tan mal salir a buscar opciones?

En momentos como este, honestamente, se vuelve una opción regresar para los "united" de los que hablaba mi abuela. Aquí he hecho de todo, pero, me fajo y nada mejora. Entonces, ¿de verdad soy una cobarde por abandonar el barco? ¿Se supone que me resigne a vivir cheque a cheque?

Aunque peleé mucho con esta idea, hoy empiezo a entender a los que se van. Hoy entiendo a mis primos, mis tíos y a mi mejor amigo. Hoy entiendo a la amiga de mi mamá y a mi maestra de High School.

Hoy, por primera vez, acepto que empiezo a considerar ser parte de esa estadística que se va sin mirar pa' atrás.