El verdadero reto de Lúgaro y Manolo Cidre

Se están acercando las elecciones y de forma efectiva, tanto Manolo Cidre como Alexandra Lúgaro, han ido rasgando la vestiduras de la partidocracia y el bipartidismo en la Isla.

Ambos lo han hecho sin una estructura política masiva, sin usar el fondo electoral y con un mensaje, aunque veces carente de un norte trascendental, pero muy efectivo para amasar seguidores.

La cosa es que la instituciones democráticas en el País continúan siendo dominadas por la vieja y anticuada política. Siguen en su puesto de carrera los pasquinadores y amigos, si ganara Ricky o David, cambiarán los Anaudis de la vida y aquí todo seguirá como si nada, porque ese es el País que todavía tenemos, aunque creamos que se pueda cambiar con un video en facebook o con un estatus para coger likes.

Recientemente en un episodio del podcast del Calce hablábamos de que alternativas al bipartidismo siempre han existido a lo largo y ancho de nuestra historia colonial. De hecho, el PIP, aunque con su problemas estructurales de mensaje, siempre ha sido consistente en ser esa tercera alternativa con candidatos que proponen ideas.

Sin embargo, ya entrado el siglo 21, y a raíz de una fatiga natural de las instituciones, hemos visto como fenómenos políticos han surgido en España y Latinoamérica, donde movimientos, mayormente ideológicos, han ido escalando y ocupando con mayor y menor éxito espacios políticos y provocando que el dominio de los partidos tradicionales se vaya reduciendo.

Sin embargo, en la Isla del Encanto esto aún no ha ocurrido. Aunque siempre han existido tercera y cuartas alternativas,  siendo el más notable el caso del PPR, los resultados en las elecciones tienden a fortalecer la teoría de que el bipartidismo continúa vivo y coleando. Recordemos que en en el 2008, habían cuatro opciones para la gobernación y a pesar de la campaña masiva y disciplinada del grupo de Rogelio Figueroa, el resultado fue una abrumadora mayoría para el PNP, en una de las peores derrotas electorales para el PPD en su historia.

La historia y los datos están ahí, lo que me lleva a pedirle a Cidre y Lúgaro que deben ya ir ideando un plan, juntos o por separado, para que  sus respectivas candidaturas trasciendan y logren convertirse  en un verdadero movimiento político.

Los Lugaristas y Cidrecistas deben entender algo -agárrense porque les voy a contar una verdad- no hay manera, NINGUNA, que a estas alturas, desde el punto de vista estadístico, ni Cidre ni Lúgaro cuenten con la mayor cantidad de votos para ser gobernador de Puerto Rico. Las razones las puedo esbozar en otro escrito, pero lo que si Lúgaro y Cidre han logrado acumular es una evidente simpatía y arraigo entre grandes grupos de la población que podría servir para atraer al mejor talento posible a puestos electivos.

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En el caso de Lúgaro, quien por su juventud y estrategia cibernética domina a los más jóvenes, sería interesante como articula su fama para asegurarse que en los próximos cuatro años pueda llamar la atención de estos y mantenerlos interesados por la política, el servicio público y las instituciones democráticas y sean ocupados por estos millenials aguerridos pescadores de likes en Facebook.

Lo mismo con el caso de Cidre, quien apela a un demográfico adulto profesional y preparado, en muchos casos a punto de retirarse, que podría ser útil para entrar al servicio público electo sin ataduras ni la necesidad de protagonismo de aquellos carreristas políticos, lacayos y fotutos de la vieja política.

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No obstante, es de preocupar, que el mensaje de ambos en contra de la partidocracia provoque que al ellos no ganar, sus seguidores se enajenen completamente del proceso democrático y perdamos la posibilidad de descubrir y allegar talentos nuevos con ideas diferentes a las de las Sonias Pacheco de la vida o los Georgie Navarro. Esa retórica, a veces un tanto inflamatoria e injusta, contra los Partidos puede ser una navaja de doble filo.

Hacer una nueva política requiere esfuerzo, sudar, quemar zapatos, saludar gente fea, argumentar y debatir las ideas. Ese es el reto.

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