El dia en que me fui

Hace cuatro años partí de Puerto Rico para buscar un mejor futuro para mí. De igual manera, decidí dejar todo atrás y comenzar desde cero para demostrarle al mundo, y a mí mismo, de qué estamos hechos los boricuas (además de arroz con gandules y lechón). Como yo hay más de 5 millones de puertorriqueños que nos levantamos todos los días con las ganas de escuchar el sonido del coquí, y del vecino recortando su césped a las 6:00 a.m. Quizás es algo tonto, pero por lo menos para mí fue parte de mi vida.

Cada momento que abro alguna de las redes sociales y veo como mis amigos y conocidos se mudan a los Estados Unidos. Me causa felicidad por la persona, pero tristeza ya que el sistema gubernamental de la isla le ha fallado. Pero podemos estar discutiendo horas y horas sobre como el gobierno le falló a su gente, regalándole puestos políticos a personas inadecuadas, pagándole favores en modo de contratos a donantes, y entre otras cosas que ya nosotros sabemos. Hoy quiero hablar sobre el aspecto social que he notado y que me preocupa en mi gente.

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En Puerto Rico existe un problema mucho mayor al económico y político, y es el social. Vamos a repasar. Cuando era niño, me acordaba cuando yo les alzaba la voz a mis padres, rápido me castigaban, quizás no con las famosas “chanclas”, pero si con quitarme las cosas, y no dejarme salir con mis amistades. Ahora, como podemos ver, ya no existen los castigos que les enseña a uno lo que está mal, y lo que está bien.

En el 2015, visite a Puerto Rico para visitar a unos familiares, y pude notar como esta joven, parecía que tenia sus 18 o 20 años de edad, le faltaba el respeto a su madre o tía; y pude ver como esa persona se quedaba callada, sin respuesta alguna. No sé, quisiera pensar que ese momento fue un chiste, o que quizás me lo imaginé, pero no es así, fue una realidad. Estando en escuela graduada, he leído varias investigaciones que comentan que cuando la situación económica es negativa, hay un aumento en violencia doméstica. Pero a la misma vez, me recuerdo cuando mis padres no se quedaban con mucho los días 15 y 30, y éramos felices aun con esa situación.

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Vemos todos los días como analistas políticos en la radio y en el televisor discuten política pública, como si ese fuera el único problema que existiera. Quizás se olvidan que el gobierno es el virus y no la cura. Debemos comenzar a pensar en que el cambio comienza con nuestras acciones y no con las acciones de otros. Decir unos “buenos días” o no gritarle a la que te roba el estacionamiento (aunque si molesta luego de estar dando la vuelta como una hora buscando un “spot”), pudiera tener un cambio significativo en la sociedad.

Entonces, llego a la incógnita de pensar si Puerto Rico mejoraría alguna vez. La respuesta es sí. Pero eso sucederá cuando las mismas personas pongan su granito de arena y dejen de quejarse tanto. Miren, Puerto Rico tiene de todo, las mejores playas, la mejor comida, los mejores ingenieros, hemos enviado a personas al espacio, tenemos a Justin Bieber cantar “Despacito” y un Carlos Correa pegando cuadrangulares, ustedes saben, Puerto Rico es una isla llena de oportunidades y éxitos.

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El día en que me fui de mi isla lloré, no solamente por los recuerdos que se crearon en Puerto Rico y por las amistades que he creado, si no que se quedó ahí mi deseo de formarme profesionalmente para así aportar un poquito a la sociedad. Desde los Estados Unidos he llevado la palabra a varias instituciones políticas y no políticas de que nuestra isla se merece algo mejor, y que los de acá deberían prestar atención a la situación precaria que existe. Si, desde que me fui no he dejado de pensar en esa bandera que desearía ver algún día próspera y alegre de nuevo. Finalmente, llega la hora de olvidar lo que hay, y pensar en ese futuro que tanto anhelamos. Y como decía ese prócer de los 90’s: "la Patria no se hace hablando, la patria se hace trabajando”. ¡Viva Puerto Rico!