El Ciudadano Puertorriqueño en la Placita de Santurce

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Por: Colorín Colorado

Parte 1: Captain Rum vs. El Himno Americano

Llegué a eso de las 8:30.

-Las congas las sacan como a las 9. Me dijo el señor moreno, casi sabiendo que se lo iba a preguntar.

Así comenzó mi aventura por la placita de Santurce, el lugar de encuentro de miles de ciudadanos puertorriqueños como yo, cada fin de semana. Hoy era el primer día del wikén local. El sagrado “juernes”. La primicia de lo que será.

Con aproximadamente 12 pesetas en el bolsillo, un Spicy Chicken Thai en mi estómago, un whiskey a las rocas y dos Heineken en la cabeza, decidí darme una Medalla, la cerveza patrimonial del este antiguo territorio.

Como tendría que alargar la nota y los recursos en el bolsillo, me obligué a dármela en el lugar más económico posible. Para esta búsqueda, pasé por el primer lugar que me encontré;

“Captain Rum”, en la esquina de la primera calles en La Placita, al lado de José Enrique, el sitio más caro en la placita.

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-A cómo es la Medalla? Pregunté al bartender.

-A uno y medio. Me dijo, sin mirarme a la cara. Estaba entretenido con un par de turistas solteras que venían de la playa y aparentemente estaban sabrositas. (0)

-Dale. Le contesté

Por ahí lo seguí buscando una más baratita todavía. Después de preguntar como en cinco otros lugares, llegué de nuevo a “Captain Rum”, sudado y con el rabo entre las patas. (1)

-Dame aquella Medallita. Parece que aquí es más barata. Le dije al bartender.

-Te lo iba a decir papá pero no me dejaste, caballo. Vas a millón. (2) Me contestó.

-Hay que ver para creer. Le dije.

Con media hora para matar en lo que sacaban las ceremoniales congas, me senté con mi cerveza a organizar los pensamientos.

Al raaato, con un caldo en la lata y una nota chévere, se escuchaba un sonido familiar pero extranjero.

Una melodía militar que retumbaba por las bocinas. Mi corazón se puso tenso, como cuando vas guiando frente de una patrulla de la policía.

Miré el televisor y ahí caí.
El himno americano, en un juego de la NBA, el deporte nacional de La Isla del Encanto (4).

Las turistas que compartían con el bartender se miraban con vergüenza, sabiendo que todo el mundo a su alrededor repudiaba lo que representaba esa melodía.

Y así mismito, solté mi cerveza, me levanté de mi estul. (6)
Y me puse la mano en el pecho.