El aplauso a José Berríos "tenía que darse"

Cuando El Calce le preguntó a José Berríos por qué no salió a lanzar la octava entrada, bajó en recta.

“Él [Paul Molitor] es el dirigente. Yo respeto sus decisiones. Es temprano en la temporada y llevo cuatro salidas lanzando más de 70 picheos. Es entendible. Uno quiere seguir lanzando, pero la realidad es otra”, comentó, dejando claro que donde manda capitán, no manda marinero.

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José Berríos en acción. (Foto: Rafael Luna)

"Molitor se equivocó"

Cuando Molitor tomó la decisión de relevar a Berríos con a penas 84 envíos al plato —de los que el 68% estuvieron en la zona de strikes— fueron muchos los que no encontraron explicación para justificar la movida que impidió que los presentes ovacionaran al nacional.

Era evidente que la promesa de 23 años estaba tirando una joya en casa, donde se presentaba por primera vez desde 2013, cuando subió al montículo del Hiram Bithorn vistiendo los colores de la selección nacional en el Clásico Mundial. Precisamente por eso, y ante el hecho de que el boricua estaba teniendo un juego espectacular ante los suyos, don Manuel Figueroa —residente de Carolina— fue uno de los que decidió abandonar el parque con el marcador cero a cero en la novena entrada.

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“Ese muchacho dejó el corazón en el terreno de juego. Yo no me explico eso [la salida]. Ese béisbol no se juega así aquí [en Puerto Rico]. Yo estoy acostumbrado a ver a los pitchers morir en la loma, dejando el brazo ahí, defendiendo lo que empezó. Ese nene está en su mejor momento y nosotros aquí disfrutándonos su juego, que no sabemos si volveremos a vivir una cosa como esta con ese muchachito. No me gustó que el dirigente no le diera luz verde para la octava. Berríos estaba enterito”, dijo.

Y es que para don Manuel la salida de Orlandito debió ser, “por lo menos, después de dar un out en la octava entrada”, pues Berríos había retirado a 16 bateadores en línea.

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Foto: Rafael Luna

“Los boricuas somos pasionales, ese chamaquito iba a salir a matar en la octava. El juego se acabó ahora [en la entrada 16], pero quién sabe si con el aplauso que le íbamos a dar la cosa hubiera sido diferente. Ese aplauso tenía que darse, porque nuestro béisbol es así, caliente y emocional. Molitor se equivocó”, comentó, por su parte, Carlos Rodríguez, quien viajó desde Mayagüez y quien sí se quedó hasta el final.

Nada, que hizo falta un aplauso.