Desastre del baloncesto retrata nuestra crisis

El país está en crisis. Eso es evidente, al menos para un sector de la población.
Pero créalo o no, usted encontrará personas allá afuera que aún ponen en duda que en realidad se deben $72 mil millones de una deuda obscena y que el Gobierno se las ingenia para poder prender la luz en las oficinas hasta el próximo mes.

Pero algo es evidente, todo el mundo sabe que pasó con la selección.

La espectacular derrota de los 12 magníficos en Toronto puso de manifiesto la crisis de nuestras instituciones.

¿Qué tiene que ver el baloncesto con la crisis estructural que atraviesa la Isla del Encanto?
Si lo miramos por encima, probablemente no tenga nada que ver. Pero la realidad es que el deporte es un cimiento importante de una sociedad desarrollada y civilizada.
Recientemente, en un artículo académico preparado por Ricardo Sánchez Martín y Jorge Sánchez, se aseveró que el deporte, funciona como un mecanismo social central de expresión, e interpretación, logrando que el individuo trascienda de lo individual a lo colectivo. De esa manera se crea un ciclo dinámico donde todos, como sociedad, nos beneficiamos, generando empatías y redes de colaboración con resultados socioeconómicos positivos.


desastrepanamericano-0b5370f7bc6f8ed0f1dff335bb2f7a7a.jpg

En ese sentido, la crisis del baloncesto es un reflejo del quebranto de la sociedad puertorriqueña. Es decir, los boricuas siempre nos hemos caracterizado por posponer lo inevitable, refinanciando sueños y jugando con las ilusiones de muchos que cada cuatro años van a las urnas como corderitos a votar por lo que le presentan. Entre donqueos y movimientos en el área de la pintura, hemos sido testigos -en poco tiempo- de la acelerada putrefacción institucional de lo que nos habían enseñado como el edén.

Hemos escuchado cómo los dirigentes políticos y del patio se han empeñado en decirnos que siempre estamos ganando, que somos un quinteto con altas probabilidades de lucir a nivel internacional con lo poco que tenemos. La realidad, hermano, es que ni somos lo que somos y estamos los que estamos, llegando aquí como se pudo.

Puerto Rico nunca ha sido una potencia. Ese mundo de fantasía nos ha dado en la cara una y otra vez los últimos meses pero, como todo paciente, no queríamos aceptarlo. Hasta que nos dio por donde nos dolió, el baloncesto.

piculinnnnnnn-7d2066b9943e1a0fa610ca4f1c321d6a.jpg

Las fracturas en la Federación de Baloncesto han existido desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, los líderes del básquet puertorriqueño se las han arreglado para tapar las cosas, comprar influencias y pañitos tibios en los medios mientras viajan y llenan sus barrigas a todo dar en viajes internacionales.

¿No me cree? Vaya y pregúntele a cuanto jugador que encontrará historias de terror. Desde jóvenes que dejaron fuera de selecciones nacionales para poder montar en el avión a un federativo hasta el irrespetuoso manejo de nuestra selección femenina, que ni facilidades tienen. Eso sin hablar de la escandalosa pensión que un presidente saliente se asignó justo antes de desocupar la silla que calentó por décadas y por la cual nunca acumuló ni un peso.

Así podemos seguir descontando problemas y viendo cómo por rencillas personales programas de desarrollo del básquet se desmantelan, rechazan a entrenadores del patio para dirigir las selecciones nacionales y hasta la Liga profesional hace lo que quiera, adueñándose de poderes que no le tocan y que en cualquier parte del planeta serían un escándalo.

La realidad es que la mafia de la línea de tres puntos siempre ha buscado meterse por todos lados y se ha aprovechado de la ingenuidad o más bien, irresponsabilidad borincana que, por tener 40 minutos de orgullo patrio, ni pregunta, ni resuelve, ni hace, ni deja hacer.

arrrooyyyooo-0de0ebccf3158c4b0d85c8ab7d3b4c2a.jpg

Prefieren tener a un dirigente frente a una selección que tuvo la osadía de despotricar contra el equipo que él seleccionó y dirige.

Esto pone de manifiesto la pasividad de los líderes federativos, denotando que desconocen la realidad de cómo se siente un atleta luego de que lo derrotan, sobre todo de la manera que le pasó a la Selección. En un camerino luego de un desastre, hay frustración, coraje y lo que se busca es alguna palabra de apoyo. El atleta se refugia en su coach, que debe ser su líder. Y, aunque lo haya hecho mal, el trabajo del entrenador es buscar cómo pasar la página, señalando lo mal que se hizo para mejorar y seguir hacia adelante.

Ahora, cambie el baloncesto por cualquier situación y verá por qué estamos a la deriva.

3d812ec2aee44e848c8edb3f76461561-0371110d9f8207506344e43881542611.gif