Deje de mentir, coño

Como les había dicho hace algunas semanas, no tengo ganas de escribir de política o de la situación del país. No tiene sentido seguir peleando con los políticos cuando usted no hace nada, nos suben los impuestos pero los lugares están más llenos que nunca; la sequía nos está ‘esbaratando’ pero usted sigue lavando el balcón con una manga de presión. Tenemos el Puerto Rico que nos merecemos y ya yo me cansé de pelear con eso.

Sin embargo, y dado al hecho de que creo que hay otra razón para que este país esté igual que la carrera de Janina la de Objetivo Fama, hay un tema que tengo ganitas de conversar con ustedes, mis coquetos lectores. Hoy, y por eso de que me desperté cínica, es un buen momento para hablar de las mentiras.

Estamos acostumbrados a que los políticos nos mientan: todos nos prometen que si votamos por ellos vamos a vivir en el Edén. Todos los días las fotos de los famosos nos mienten: hasta Ricky Martin (que fue esculpido a imagen y semejanza de un dios griego) usa Photoshop para verse más bonito. Nuestros padres nos mienten cuando somos niños para que tengamos una vida más hermosa y no nos demos cuenta de lo pasa a nuestro alrededor. Esa amiga a la que adoras y le preguntas si te ves bonita, te miente para asegurarse de que ella se vea mejor que tú.

… y así. En vez de estar acostumbrados a la sinceridad, las mentiras se han vuelto la norma y vivimos esperando que la gente que nos rodea se tire los mismos paquetes que Ana Cacho a Leo Fernández.

Ah, pero esperamos mentiras de todo el mundo menos de esas personas que nos mueven el piso. Y es que déjeme explicarme: una cosa es echar un polvo, eso lo hace cualquiera, pero otra cosa es confiar en alguien y contarle hasta a tus miedos. Cuando una persona en la que confías “a ojo cerrao” te miente, sientes que no puedes creer ni en la madre que te parió.

Cuando el gobernador me miente me da igual, porque a mí él no me importa; él no sabe que yo existo. Pero, recientemente, cuando me di cuenta que alguien en quien confiaba me mintió no supe si estar molesta con la persona (por ser tan excelente en el juego de la manipulación) o conmigo (por confiar). Y fue en ese momento que me di cuenta que vivimos en una sociedad tan jodida que cuando nos hacen daño pensamos que es nuestra culpa.

Esta islita en medio del Caribe está en uno de sus peores momentos. Pero no está así solamente porque el gobierno no nos atiende o porque la economía está mala. Esta joya caribeña va de mal en peor porque estamos acostumbrados a mentir. Porque acusamos a las autoridades de no ser sinceros, pero la masa es reflejo de ellos.

Así que, querido mío, si usted que me lee es de los que le miente a la gente por entretenerse: usted es parte del problema del país. Por culpa de personas como usted la gente no confía en nadie.

Deje de mentir, coño.