De Castro Font: “Los mismos que me daban a mí, le daban a los demás”

La caída del poder del político del exsenador Jorge de Castro Font se debió más a que aquellos que protegió, no lo protegieron a él, por eso fue “solo” a la cárcel, convicto por corrupción, pero no así otros que alegada defraudaron igualmente la confianza pública.

“Quizá, a lo mejor, me daban un poquito más a mí, pero los mismos que me daban a mi le daban a los otros”, se confiesa el avezado político con la agencia Inter News Service (INS) en una extensa entrevista que busca ajustar su participación en hechos ocurridos durante el tumultuoso cuatrienio 2005-2008, en el que detentó tanto poder político que descarrilaron las expectativas de buena fe que se presuponen en la gestión gubernamental.

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El entonces presidente del Senado, Kenneth McClintock, no quiso declinar su posición ante el presidente del Partido Nuevo Progresista (PNP) Pedro Rosselló, quien tenía la confianza de la mayoría de los senadores.

Para garantizar su poder, McClintock y De Castro Font, su hombre fuerte, se reunieron con funcionarios de gobierno y finalmente lograron una alianza secreta con la minoría senatorial del Partido Popular Democrático (PPD) para no perder sus puestos.

Ese poder fue ejercido, sin embargo, en beneficio personal, afirma ahora De Castro Font.

Cuando las autoridades federales le echaron el guante al presidente de la Comisión de Reglas y Calendario, con autoridad para mover las medidas legislativas, aquellos a quienes había sostenido en el poder le dieron la espalda, aunque también recibían beneficios similares, alega.

De Castro Font se defendió, al señalarlos, y, dice, la reacción de ellos fue presentar cargos estatales contra él. También le intimidaron y le pidieron que no hablara a las autoridades federales, afirma quien fuera senador por el PNP después de haber sido representante a la Cámara por el PPD.

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“No tengo sentimientos de venganza, ni sed de venganza, ni estoy molesto, ni tengo celos, ni tengo rencores, ni odio ni contra Kenneth ni contra Luis Fortuño (entonces comisionado residente y amigo personal de McClintock). Eso pasó”, indica en la entrevista con la agencia INS.

Fue “mala suerte” que se lo llevaran a él y no a los otros. “Ya pasó, ya cumplí, ya terminé con eso. Mala suerte, me tocó a mí”, expresa con el ánimo de ver terminada una época de su vida.

“Debí haber sabido que me podían velar por hacer esto o lo otro. Y las pagué yo todas… pues, ya pasó”, agregó. Aun así, deja ver cierto grado de injusticia en el procesamiento criminal. “Yo cogí el precio y pagué por todos, porque lo mismo que me daban a mí se lo daban a los demás”.

“Quizá a lo mejor me daban un poquito más a mí, pero los mismos que me daban a mi le daban a los otros”, aclara inmediatamente, aunque en la entrevista con la agencia INS no menciona a todos “los otros”, solo a McClintock, sin dar detalles, y de Fortuño dice que ideó “un esquema”.

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De Castro Font dice “me consta” cuando la agencia INS indaga sobre la manera en que conoce esa alegada corrupción. “Hay fuentes directas y me consta el esquema que utilizaba. Eso lo hablaré públicamente en su momento”, manifiesta.

Lo revelará algún día, señala, y posiblemente forme parte de un libro. Se queja de que las autoridades federales no presentaron cargos contra estos “porque no les dio la gana, eso no es una decisión mía, eso es una decisión de política pública federal y estatal”.

Mientras enfrentaba los cargos presentados por la Fiscalía federal, afirma que recibió visitas y llamadas de personas enviadas por Fortuño, entonces presidente del PNP, para que renunciara a la candidatura en ese año de elecciones y pudiera nombrar un sucesor.

De Castro Font mantendría su escaño hasta el fin de año y el PNP pagaría los gastos legales y le garantizaba el trabajo en el gobierno a ciertos familiares suyos.

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“Esa fue la prebenda y yo les dije que no”, indica. Fortuño también perdió en el tribunal el pleito contra De Castro Font, a quien botó del PNP, para que desalojara su candidatura.

“Y cuando llegó (Fortuño) a Fortaleza… yo estaba en la cárcel federal… me mandó a decir con tres enviados que fueron a ver a (su abogada) Lydia Lizarríbar, que si yo le hablaba a los federales de cualquier miembro del PNP y de él, me iba a radicar cargos. Y me radicó doscientos”, asegura De Castro Font.

Estos casos fueron “un abuso” con el único objetivo de “castigarlo”, indica.

“Ellos me entregan. No me dicen nada. Ellos saben que me estaban investigando, y yo hablé públicamente de ellos y no me lo perdonaron. Al hablar de ellos públicamente, ya yo estaba frito, estaba bajo un proceso federal”, afirma a la agencia Inter News Service.

El exsenador señala que ambos funcionarios “no correspondieron el servicio que yo les brindé en cuatro años. Esa es la verdad, esa es la política. Y yo perdí”.

Sin indicar tristeza, más bien describiendo unos hechos, dice que “tienen suerte, tienen más suerte que yo”.