Crónica: Una nena con tres panas en un putero

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  • Putero (según la Real Academia Española): Local donde se ejerce la prostitución
  • Putero (según mis padres y allegados): Lugar en el que una nena (especialmente nieta y sobrina de pastores) nunca debe entrar

 

Siempre he dicho que puedo escribir un libro de las cosas que pasan cada vez que me voy de pachanga con mis nenes. Cada jueves tiene un final diferente, cada viernes se baila a otro ritmo y cada sábado aparece un palo nuevo.

Uno de los más recientes jueves sería el indicado para comenzar "Mis memorias pachangeras". ¿Por qué? Déjeme contarle.

Como la mayoría de mis noches, la jarana comenzó en la calle Loíza (Santurce). Era fin de mes y no había cobrado así que cuando llegué los nenes dijeron "Chica, hoy nosotros pagamos".

Shot va, shot viene, conversaciones coquetas con un nene de ojos claros, vodka con agua tónica (por eso de que estoy a dieta), cruces de sonrisas compasivas con los vagabundos… Bueno, una noche normal para tres panas y la muchachita del corillo.

Mi mamá siempre dice que después de las 2 a.m. no pasa nada bueno, y aunque puede que tenga razón, sí puedo decir que las cosas que pasan temprano en la mañana del próximo día casi siempre son épicas.

Fue cerca de esa hora que quisimos cambiar de ambiente y, en busca de opciones, uno de mis santos amigos dice (con tono de chiste en serio) "vamos a un putero".

"¿En serio quieres ir? Yo no tengo problema", le dije, y fue en ese momento en que todos se montaron en mi carro (porque soy la única con carro) y emprendimos nuestro camino a la avenida Ponce De León.

Luego de meterme en callejones aterradores (aunque con ellos me sentía segura), nos estacionamos, bajamos una cuestita y nos encontramos con tres hombres grandes (bien grandes).

Y es en ese momento que te das cuenta que uno de tus amigos es regular del putero porque conoce a los empleados de seguridad, quienes, por el cariño que le tienen, nos dejan entrar sin tener que pagar.

Bajamos unas escaleras y ahí está: el tubo. Los nenes caminan directo a la barra y yo me siento a observar. Me traen una cerveza. Uno de ellos se sienta justo frente a la tarima para que le bailen, otro se queda en la barra hablando con una de las muchachas que caminaba por el lugar, y el tercero se quedó al lado mío porque no sabía cuál era la conducta correcta que debía tener en un burdel.

Veo que todos los hombres en el establecimiento tienen un aspecto profesional. Luego pienso: “Claro, aquí hay que soltar chavos, no pueden ser pobretones”. Cabe destacar que no pude ver bien sus caras ya que la única luz en el lugar era la de la tarima (de esas luces que prenden y apagan y que solo puedo soportar si tengo unas cuantas cervezas en el sistema).

Mientras a uno de los nenes le bailan, me acerqué al que estaba en la barra hablando con la stripper/prostituta. Ella me miró, me sonrió y se movió para el lado la parte de abajo de su outfit (algo parecido a un traje de baños violeta) para que yo pudiera ver esa parte de su cuerpo que yo solo le enseño a algunos nenes. Miré a mi pana y no dije nada. “Si te molesta estás en el lugar incorrecto”, me dijo ella, a lo que le respondí que no me molestaba y que aprovechara ya que fui yo la que le llevó a tres varones.

Luego de ofrecerle cocaína a uno de mis panas, la rubia se quedó hablando conmigo. Me contó que acababa de llegar de Boston (aunque no tenía acento de que vivía en Estados Unidos) y que “lo de ella” es hacer dinero. Luego me enseñó sus senos, “¿Nada?”, preguntó, “nada”, le dije, “chica, a mi me gustan los nenes”, añadí. Nos reímos.

Pregunté dónde era el baño y me explicó que aunque era dentro de los camerinos, podía entrar. Entré… Me encontré con todas las que iban a bailar arreglándose, poniéndose las tacas y dándose su palos (y uno que otro trancaso). También me encontré con una muchacha tirada en el piso frente a la puerta del baño, le pregunté a una de sus compañeras si ella estaba bien y me dijeron "Sí, pásale por encima". Lo hice.

A la misma vez que salí de los camerinos, salió una de las strippers. Era su turno de bailar. Mis tres panas estaban acomodados frente a la tarima. Me senté en la barra y la rubia regresó para conversar conmigo. Me explicó que la muchacha que iba a bailar le dijo que estaba bien nerviosa. “Parece que es su primera vez. Yo le di unos cuantos consejos y le dije lo que tenía que hacer… Ah, y parece que ni mama, ni chicha, así que aquí no va para ningún lado”, me dijo mientras la otra stripper partía la tarima. “Oye, pero mírala… Ella no se ve nerviosa ni tímida”, le dije. “Qué cabrona, se lo voy a decir ahora mismo”, me dijo, y caminó a la tarima. Desde mi silla lo único que vi fue que le puso “el dedo malo” en la cara. La bailarina la miró con cara de vergüenza pero no le dijo nada. Siguió bailando.

Uno de mis amigos necesitaba sacar dinero del cajero ATM que estaba dentro del establecimiento. Cuando sacó el dinero se dio cuenta que le cobraron $7 por la transacción. Luego quería comprar cigarrillos, le costaron $12. Estoy casi segura que él fue el peor que la pasó.

Solo uno de mis amigos quedaba sentado frente a la tarima, los otros dos estaban conmigo en la barra. La rubia regresó. Le ofreció bailes privados a los dos, pero ninguno dijo que sí (después de gastar esa cantidad de dinero en transacciones de tarjetas y cigarrillos, nadie tenía dinero). Le dijo a mi pana que quería una foto conmigo, se la tomó pero, por el flash, uno de los encargados de seguridad se acercó rápidamente y se aseguró de que borraran la foto.

Finalmente, la rubia me preguntó: “¿Tú bailas?”. “Como tú no”, le dije. “Tú tienes cara de que bailas”, insistió… Pero insistió tanto que morí de la risa y me puse a bailar al lado de ella (nunca intenten bailar mejor que una stripper, nunca). Ella me daba instrucciones y yo las seguía con mi mahón, mis tenis y mi t-shirt puesta. “Ya”, le dije. Ella quería enseñarme más pasos en el tubo. Los nenes me miraron con cara de orgullo porque traté de bailar como una stripper y representé al corillo. “Nos vamos”, les dije.

"Tú tienes talento", me dijo la stripper (quien no logró sacarle ni un peso a mis panas) luego le dijo a uno de mis amigos y dijo: "Si alguna vez ella necesita dinero, me la traen y la ponemos a bailar". Una parte de mí se sintió bien.