Cosas que extrañas de la vida antes del COVID-19

Todo tiempo pasado fue mejor…

¿Recuerdas cuándo decías que el 2020 sería tu año? Pues no solo NO será tu año, sino que la única resolución que tenemos todos es sobrevivir el maldito veinte-veinte que nos tocó. Desde el encierro de la cuarentena, todo ha cambiado… o sea, todos los días son iguales, pero ahora añoras aquella vida libre que tenías, en la que podías salir sin tener la perse al ver una patrulla de la Policía pensando en que van a pararte por estar en la calle. Después de todo el reguero de conciertos y entrevistas a los artistas, estas últimas semanas comienzan a pesar, no solo porque no sabemos cuándo esto terminará, sino porque ya nada nos saca una sonrisa. Estamos amargados, aborrecidos y borrachos, así que hablemos un rato de aquellas cosas que todos extrañamos.

-Los viernes en la Placita: no hay nada mejor que salir de una semana de trabajo y darte un sorbo de cerveza fría. Sencillamente, no hay palabras que describan esa felicidad que te daba el ser libre por 48 horas de ese trabajo que te estaba chupando el alma.

placita

Ahora es bastante posible que el mismo trabajo te siga exprimiendo la vida, pero ni siquiera tienes la emoción de que el viernes te darías par de drinks. De hecho, estás bebiendo más que nunca, pero en soledad, solo con tus hijos juzgándote con su mirada.

-La compra duraba
: ¿te acuerdas cuando ibas al supermercado, hacías la comprita pa’ la semana y te duraba ese tiempo? Ahora sales solo una vez para hacer compra, gastas fácil $500 en una semana para que los nenes estén bien alimentados, y ya a los tres días no sabes qué diablos pasó por la nevera.

compra

No solo eso, sino que le echas la culpa a los nenes, pero tú también estás comiendo como si no hubiese un mañana… aunque es bastante posible que no lo haya. Sí, cómete una caja de donas en un día; quizás puede ser la última.

-Ir a la playa: llegó la Semana Santa, la primavera nos da en la cara, y el calor del verano ya comienza a acercarse. Necesitas coger sol y oler la sal del mar, extrañas hasta al títere que ponía música de Anuel en la neverita con bocinas, y darías todo por orinar en el agua de la playa.

vega baja

Piensas en aquellas veces que te invitaron a alguna playa lejana y dijiste que no porque estabas cansado. Ves en tu Facebook los videos del agua de la playa y solo te dan ganas de llorar. Por el lado bueno, puedes ponerte el traje de baño y meterte en la ducha, escuchando música en una bocinita bluetooth.

-Comer de afuera sin miedo: pediste por Uber Eats una comida porque ya estás bien harto de cocinar, y cuando llega el driver el protocolo es casi como encontrarte con un sobreviviente en un apocalipsis zombi. Lo miras con dudas, a la misma vez que te alegras de hablar con otro ser humano, y te entrega la comida.

iguana chinos

Antes de darle pa’ abajo, le oras a todos los dioses para que nadie que tenga corona haya pasado por el lado. Le das diente, y ni siquiera te sabe bueno el plato, porque el miedo de tu cerebro supera por mucho el gusto de tu lengua. No te la comes entera, la pones en la nevera para que el frío haga su trabajo, y a los tres días terminas botándola porque ya se dañó.

-Ponerte zapatos: estar en chancletas o descalzo por la casa es la nueva norma. Antes te vestías para ir al trabajo con esos zapatos feos y cómodos que te compraste pa’ pasar ocho horas en una oficina. Ya siempre andas con las uñas de los pies sacándole chispa al piso, con las patas tan pelúas que pareces que tienes un leggin negro, y al parecer los de’os del pie se sienten tan libres que es posible que nunca más puedas usar zapatos cerrados.

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-El chinchorreo: No puedo continuar con esto sin que se me aguen los ojos. Simple y sencillamente no puedo ni pensar en una vellonera sin irme en sentimiento. No… no puedo.

Amigos, piensen cuando esto termine, y vayan a Plaza Las Américas. Ese día estará bien explota’o, mucha gente en un mismo lugar, rozándose, tosiendo, dándose chino y tocando todo a mano pelá. ¿Ya están listos para ese precioso momento?