Como si les importara un [email protected]@j* la Ley 80

Dejemos correr nuestra imaginación por un momentito y veamos la siguiente escena.

Usted va en su carro, llega a la intersección y en vez de hacer el pare como corresponde lo ignora y sigue su camino. Dueño(a) y señor(a) de la vía, la señal de pare está ahí pero como pintada.

Se comió el pare por la misma razón —diría el gran escritor Francisco (Pancho) Velázquez— por la que el perro se lame a gusto su zona genital: porque quiere y puede.

Sucede que, por esas jugarretas del destino, cerquita de la intersección está un policía que, para colmo de las coincidencias, no andaba distraído con su teléfono celular sino que estaba pendiente a ver quién se comía el pare.

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Suena la sirena, usted mira por el retrovisor y ahí está. El guardia en cuestión le va a dar la comía de ya tú sabes.

Lejos de argumentarle al policía o pedirle un chance o maldecirlo por estar atendiendo esas cosas en vez de dedicarse a perseguir a los verdaderos criminales, usted coge la multa en sus manos, se despide del policía y prosigue su rumbo. Hasta le da los buenos días y sonríe como todo un ciudadano respetuoso. Usted actúa como si en realidad lo de la multa le haya importado siete carajos. Y es que, en efecto, es así. No le importa porque que sabe que, debido a una nueva ley aprobada, usted no tendrá que pagarlas porque para ello el gobierno creó un fondo especial con dinero de los contribuyentes.

O sea, usted viola la ley deliberadamente pero no paga nada de su bolsillo porque que va al Departamento de Hacienda y dice: me dieron esta multa páguenla. Y san Se Acabó, dilema resuelto.

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Suena ridícula la escena. Incluso, suena fantasiosa, estúpida, alocada y quinientas cosas más. Pero, aguántese porque en términos prácticos eso es lo que aprobó la Cámara de Representantes para derogar la Ley 80, y darles paso a las exigencias de la Junta de Control Fiscal.

Se pretende crear un fondo de muchos millones —no se sabe cómo en un país quebrado— para que cuando un patrono despida injustificadamente a un trabajador seamos nosotros los contribuyentes quienes paguemos la compensación del despido. O sea, el patrono viola la ley pero no le pasa nada porque no tiene que pagar, para eso está el fondo que se le ocurrió al presidente de la Cámara y demás legisladores que lo aprobaron con sus votos. Todo eso para salvar al país que conste.

¿Vieron en que país tan chulito vivimos? La clase empresarial no puede quejarse, le pagamos a políticos que legislan a imagen y semejanza de sus deseos.