Cierra Greenhouse en Condado después de 42 años

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La situación económica que golpea al país, unido a los elevados gravámenes y la indiferencia de las autoridades gubernamentales, dejó al sector turístico del Condado sin uno de sus iconos culinarios, el restaurante Greenhouse, que cerró sus puertas después de 42 años de servicio.

El cierre del restaurante, hace varias semanas, se produce cuando el secretario del Departamento de Desarrollo Económico y Comercio (DDEC), Alberto Bacó Bagué, ha anunciado que como parte de la política de desarrollo “se está conformando un nuevo Condado con turistas de lujo”.

“La economía está muy mala y el patrón está un poco cansado de tanta lucha”, expresó César Abad, antiguo empleado del Greenhouse sobre la causa del cierre en la segunda quincena de junio.

Abad, quien abordó el tema con cuidado, midiendo sus palabras cuando periodistas se acercaron al local del restaurante en la avenida Ashford, aseguró que los impuestos y los elevados costos de mantener operando el Greenhouse dieron al traste con su continuidad de más de 42 años.

“Déjeme llamar al patrón”, dijo ante otra pregunta sobre los 14 empleados dejados cesantes a causa del cierre.

El propietario Mario Lauría expresó que no le interesa hablar con periodistas ni con nadie, porque “ni los periódicos ni el gobierno nos han apoyado”.

Al excusarse por la forma en que reaccionó –“no tengo nada contra usted”, dijo–, Lauría aseguró que “cumplimos diez años, veinte, treinta, cuarenta, y nunca nos hicieron un reportaje cuando lo solicitamos”.

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Según el empresario, “el turismo que viene a Puerto Rico es porque llega equivocado, no porque haya algo que se le ofrezca”.

En una crítica dirigida a la directora de la Compañía de Turismo de Puerto Rico, Ingrid Rivera Rocafort, el comerciante dijo que “no les interesa ayudar a los que tienen sus negocios aquí”.

“Esto es una vergüenza”, expresó sin mencionar a la funcionaria por su nombre.

Aseguró, además, que tampoco el Municipio de San Juan ni el DDEC se interesaron en la situación que lo llevó a cesar operaciones, porque “a nadie le importa”.

Cuando se quiso conocer en qué sentido no lo atendieron, Lauría volvió sobre sus pasos para recordar que “no me interesa hablar con periodistas” y se marchó cerrando la puerta por donde había llegado.

El restaurante Greenhouse, donde por décadas concurrían tarde en la noche los artistas, algunos políticos y el público en general después de algún espectáculo o de disfrutar de una obra de teatro o de una película, ganó fama por sus sopas de cebolla con queso gratinado y por sus bien preparadas hamburguesas hechas en la casa.

El Greenhouse se mantenía abierto hasta la madrugada, aunque en los últimos tiempos había reducido su horario, y algunos clientes se quejaban del trato de los meseros, que en ocasiones no era el mejor.