Bulshiteros a montón por chavo

Artesanos de la caca de toro.

Habrá que hacer un inventario del bulshitero boricua. Lo vengo pensando hace rato. Material hay como para llenar tomos o una enciclopedia, sugerirán algunos.

Digamos que en este paisito proliferan los bulshiteros y bulshiteras. Y, no sé ustedes, a mí se me hace que en estos tiempos marcados por la crisis denotan más.

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Luego, sería interesante hacer una historia del bulshiterismo en Puerto Rico. Pero ese es otro cantar. Por lo pronto, me aventuro a lanzar una propuesta de inventario.

Bulshiteros hay para escoger y pululan en todas las esferas sociales y prácticas de lo cotidiano. Miras el ámbito de la política y, ¡bum!, por montones y de todas jerarquías. Tomemos el ejemplo del gobernador que sacó pechito contra la Junta de Control Fiscal y a la hora de cortarles los fondos actúa como si con él no fuera la cosa.

Pero no solo existen en la política. A riesgo de generalizar diría que cada familia, al menos, tiene un bulshitero en su árbol genealógico. Hay familias más prolíferas en la materia. A veces es el mismo padre, la madre, el primo, un abuelo, el tío que vive en Orlando o ese hijo bambalán que, bien visto, ni siquiera sirve para ser un bulshitero más o menos aceptable.

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Qué me dicen de los bulshiteros y bulshiteras que colman los espacios de la oficialidad gubernamental, desde Washington hasta San Juan. O los que están en las zonas marginales, en lo cultural y en la academia. Los bulshiteros gastronómicos. Los hípsters y los new age. Hay bulshiteros carnívoros y vegetarianos como también de pocas luces y otros que se piensan iluminados. Hay bulshiteros cristianos y ateos. Ni hablar de los bulshiteros de derecha y de izquierda que llueven. Los hay anexionistas y nacionalistas. Bulshiteros sociolistos, también. Hay bulshiteros libre pensadores, cómo no, y domesticados y radicales. Están los bonachones y los maltratantes. Bulshiteros y bulshiteras instalados en la cultura del trauma. Los inofensivos existen y por extensión los que hacen daño.

Bulshiteros que hablan por radio, en la televisión y los que escribimos en el periódico. Los de Facebook son una nación aparte. Bulshiteros amenos y tóxicos. Hay analistas bulshiteros de toda clase. Bulshiteros que son tan y tan bulshiteros que se crean un personaje para exponer públicamente sus turbulencias mentales. Bulshiteros veletas, de esos que cambian de idea cada tres horas, o los mentalmente cuadrados. Hay bulshiteros y bulshiteras que lloran en público, incomprendidos, y los hay que se reprimen.

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Existen los que cobran un salario sabroso y los que subsisten encima de la bola.

Hay bulshiteros que gobiernan y hay otros gobernados. Y si bien es cierto que hay bulshiteros que quedan en el ridículo hay otros que siguen gozando del auspicio de su clientela.

Si sigo no acabo. Lo sabes. Estamos bendecidos, somos una cantera de talento bulshitero. Quién sabe si la solución a nuestra crisis económica sea exportarlos a otros países que a lo mejor carecen de ellos.