Análisis: ESPN se quedó corto con su exposición de Ric Flair

La semana pasada ESPN presentó el documental “The Nature Boy” que retrata la vida del luchador profesional Ric Flair, como parte de su serie 30 for 30. La expectativa entre nosotros los caifanes era muy alta, ya que la principal televisora deportiva del mundo decidió homenajear al más grande exponente de una modalidad de entretenimiento que no es considerada como un deporte.

El estreno de “The Nature Boy” coincide además con el proceso de recuperación por el que atraviesa el “16 veces campeón del mundo” debido a un paro cardiaco, como consecuencia de una vida de trabajo duro, sacrificio personal, celebraciones e innumerables excesos. Me interesa establecer un balance entre lo que significa Ric Flair para la fanaticada luchística y lo que ESPN capturó en este documental.

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La mayoría de los “intelectuales” odian la lucha libre o simplemente, aquellos intelectuales que se la vacilan no hablan de eso con la gente estúpida. El público de este entretenimiento deportivo es muy diverso, pero cuenta con una minoría estofona y un chorro de gente chévere que no encaja con las convenciones de la sociedad esnob. Yo aprendí sobre este teatro de la violencia porque mi abuela, que era una santa, era la fanática #1 del “Acróbata de Puerto Rico” Carlitos Colón, quien utilizaba su mezcla de agilidad, rudeza y maña contra todos aquellos extranjeros que venían a insultarnos a los puertorriqueños en el programa televisivo de “Las Superestrellas de la Lucha Libre” y destruían a todo el camerino “técnico” por las canchas y estadios del país. Por alguna razón yo no era fanático de Carlitos, siempre quería que Abdullah the Butcher, Sadistic Steve Strong, “El karateca ninja” TNT o Hércules Ayala le rompieran la madre.

Recuerdo que el programa de “Las Superestrellas” tenía una introducción tipo video musical, que presentaba a un luchador gringo que se bajaba de un helicóptero con un par de rubias, quien completamente acicalado entraba en su limusina para pasar a presentar pequeños clips de luchas suyas en Estados Unidos. Este era Ric Flair, entonces reconocido como el campeón mundial de la National Wrestling Alliance (NWA), organismo tipo mafioso que mediaba la división geopolítica entre las diferentes promociones de lucha en Estados Unidos y Canadá.

Flair fue el candidato idóneo para portar el cinturón debido a su disponibilidad casi incondicional para aceptar la ajetreada agenda de trabajo que se le asignaba al campeón de la NWA. Así que recibió el pase de batón de parte de un avejentado y barrigón Harley Race, por encima de otros candidatos como el “American Dream” Dusty Rhodes y un joven Ted DiBiase.

En 1983, Flair vino a Puerto Rico para enfrentarse a Carlitos y “unificar” su título con el de la naciente World Wrestling Council (WWC), propiedad del yugoslaboricua Víctor Jovica y el propio Carlitos. El ganador del encuentro iba a ser coronado como Campeón Universal. Luego de casi una hora de combate, Carlitos derrotó a Flair, obviamente. Hecho que disparó la carrera del Acróbata de Puerto Rico y la popularidad del “deporte de las mil emociones”, como dice Hugo Savinovich.

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Lo importante es poner en perspectiva que Ric Flair hizo lo mismo que en Puerto Rico por todos los territorios de la NWA, las islas del Caribe, Australia y Japón durante unos diez años, en los que realizaba intensas campañas para elevar el talento regional, dejando el territorio en mejor estado en el que lo encontraba. Todo esto siendo uno de “los malos”, en un tiempo de tipos rudos dentro del ring y en los camerinos, quienes podían negarse a perder o romperte una pierna de maldad y gente dispuesta a apuñalearte entre el público.

Similar recuerdo provoca la figura de Flair en República Dominicana donde también fue derrotado por el héroe nacional Jack Veneno “el dueño de la bolita del mundo”.

Los extensos combates de Flair se caracterizaban por coger senda pela, esperar a que el rival se distrajera, atacar sus piernas, aplicarle la figura cuatro, hasta que “el luchador bueno” se zafara y lo planchara para llevarse la victoria. Regularmente sus triunfos eran producto de alguna trampa por lo cual se le conoció como “el jugador más sucio”. Si Ric Flair tuviera un récord de ganados y perdidos, seguramente serían muchas más las derrotas que victorias entre sus combates. Además de su capacidad cardiovascular y su teatralidad, Flair era el que dictaba a su adversario al oído cuales eran las movidas que tenía que hacer para lucir mejor. Seguramente tuvo más de los dieciséis reinados entre los que se le atribuyen, pero vamos, estamos claros que esta es una discusión sobre la lucha libre, y no sobre la lucha de clases.

Proveniente de una promoción sureña con base en Georgia y las Carolinas, Flair nunca tuvo la exposición al mainstream televisivo estadounidense, como la tenían los anabólicos luchadores de la World Wrestling Federation (WWF), con base en Nueva York. La fanaticada hardcore se preguntaba entonces, cuando se iban a enfrentar el campeón de la WWF Hulk Hogan y el campeón del NWA Ric Flair, en una lucha de ensueño.

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El momento sucedió finalmente en 1992, un poco muy tarde de lo que debió haber sido. Flair abandonó la promoción de Jim Crockett, llevándose su emblemático cinturón de campeonato de la NWA para la compañía de Vince McMahon. Se convirtió rápidamente en campeón de la WWF, básicamente unificando ambas correas, luego de más de una hora de batalla campal contra otros 29 luchadores en el Royal Rumble de 1992, cuyo vencedor obtendría el título. Flair ya contaba con 42 años entonces.

Aunque Flair y Hogan se enfrentaron varias veces, nunca tuvieron un momento importante a ser recordado por los fanáticos de la lucha libre. Nunca lucharon en Wrestlemania, a pesar de que el cartel de dicho año suponía enfrentarlos en su evento estelar. En su lugar, Flair echó un mazacote frente al Macho Man Randy Savage, perdiendo la correa y Hogan protagonizó una de sus acostumbradas porquerías de luchas frente al bulto de Sid Vicious.

Las veces en que se enfrentaron Flair y Hogan, fueron encuentros de menos de 15 minutos, en los que Flair parecía ponerle en bandeja de plata todos los movimientos que debía hacer Hogan, cuya creatividad in-ring era limitada. Al parecer, el caso de Flair, es uno de esos tantos casos en los que Mc Mahon desaprovechó una gran oportunidad. Sin embargo, Flair no acepta en el documental, que los ejecutivos de la WWF le jodieron su oportunidad dorada. Al parecer, él espera que le den algún guiso en la compañía o no quiere afectar la carrera de su hija Charlotte, no quiere calentarse.

Al igual que Mc Mahon, ESPN desaprovechó una gran oportunidad con “The Nature Boy”. El documental acentúa como Ric Flair era el luchador perfecto para realzar los excesos de la década de los 1980’s, era clásica de la lucha libre. “Todos los hombres querían ser como él y todas las mujeres querían acostarse con él”, es una idea que se repite como un mantra durante el filme. Su personaje era uno que le estrujaba las riquezas y lujos al público en la cara, lo cual, aparentemente, resultaba cool en tiempos de Reagan. Flair y su establo del Four Horsemen fueron los primeros malos en ser vitoreados por el público, tendencia que se ha explotado desde mediados de los noventa.

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Gran parte de “The Nature Boy” se centra en presentar su extenso historial de alcoholismo (sin querer llamarle alcohólico), su bancarrota, así de como sacrificó a su familia por tener éxito durante su carrera. Nota muy importante, la muerte de su hijo Reid, quien falleció como consecuencia de incontables vicios, algo por lo que parece torturarse a diario. Al parecer, llegó un momento en el que el personaje de Ric Flair se apoderó de la persona real, lo cual ha sido muy difícil de sobrellevar luego de finalizada su extensa carrera de 40 años. Toda una serie de demonios internos parecen atormentarle, desde que fue adoptado por sus padres, quienes nunca aceptaron ninguna de sus decisiones ni celebraron sus éxitos profesionales.

Flair, incluso, sobrevivió un accidente aéreo que lo mantuvo inactivo por más de cinco años, antes de su salto a la fama, lo que facilitó su metamorfosis, rebajando más de 50 libras y puliendo su habilidad verbal. Aunque todo esto es importante reconocerlo en el documental, los elementos badtripiosos y sensacionalistas parecen eclipsar por mucho la larga y gloriosa carrera que tuvo. Además, ¿cuantos luchadores, han padecido los mismos demonios sin llegar al punto donde llegó Flair?, quien es adulado por su público y sus pares.

Encima de ello, fue inducido al Salón de la Fama de WWE en dos ocasiones, como individuo y como parte de la facción del Four Horsemen. Es reconocido como uno de los mejores luchadores de la Historia, junto a “El Inmoral” Hulk Hogan, “Stone Cold” Steve Austin y “The Rock”. El propio Hogan se encuentra en un exilio debido a su conducta racista, por lo cual la WWE lo ha tratado de borrar de su historia.

¿Cuántos luchadores han muerto antes de los 40 años sin que nadie se haga responsable por ello? ¿Cuántos han sido los casos en los que la dependencia del alcohol, las drogas recreativas, los esteroides anabólicos, así como los accidentes laborales, el olvido y la pobreza, han apagado a tantas estrellas antes de tiempo? ¿Cuántos luchadores han seguido activos en el ring con edad de abuelos porque no tienen manera de disfrutar de una pensión?

Detrás del teatro de la lucha libre, el caso de Ric Flair refleja lo sacrificado que resulta dedicarse a un deporte que no es de verdad, como dicen. Que esta forma de entretenimiento consume a sus talentos tanto física como emocionalmente y luego de utilizarlos, los tira al bagazo. El documental “The Nature Boy” parece un culebrón de Corín Tellado o un go-fund-him, en lugar de ser una celebración de su exitosa y trascendental trayectoria.

*¡WOOOOOOOO!


*dedicado a mi amigo Dennis Rivera y a los luchadores independientes puertorriqueños que se bandean por toda la Isla buscando trabajo, luchando por centavería y poniendo en riesgo su salud.

El autor es historiador. Durante los pasados 20 años ha sido maestro de historia de escuela superior. Es también MC de rap y poeta. El 1ro. de diciembre celebra 20 años de carrera musical en Club 77, en Río Piedras.