¡Abre los ojos, boricua!

Comienza la contienda. El partido en el poder todavía no sabe que ganaron las elecciones del cuatrienio pasado y que es momento que alguien muestre un ápice de que saben lo que están haciendo. La otra cuadrilla se amarra los tenis, porque aunque la carrera se supone que empiece el próximo año, ya ellos están entregándose las posiciones. De repente, se forma un sal pa’ fuera porque en la repartición del botín que aún no tienen, dos o tres se colaron en la fila, unos empujaron y ahora las puñalás vuelan en el mismo corillo.

Mientras todo eso pasa, hay un Tigre perdido en Washington dando trillas y devorando todo lo que ve a su paso. El electorado que piensa, ese pequeño grupo que quiere lo mejor para su país, que no tiene guisos ni le regalan neveras en noviembre, siente la misma paz que llevar a tu hija al altar y que el yerno sea Osvaldo Ríos. Cada cuatro años ocurre la misma comedia.

A mis 32 años, he pasado por unas pocas elecciones. Crecí con Rosselló haciendo campaña con unos pantaloncitos putin corriendo, porque para ese entonces eso era “lo que necesitaba” Puerto Rico: un machote que pudiera joggear bien. Luego de las rajás de cabeza que dieron en la venta de la Telefónica, de tener un gabinete mancha&#39o por la corrupción, y hasta salpica&#39o con aquel escándalo del Instituto del Sida y Kouri, Pedro Juan fue aclamado con vehemencia y aplaudido por dominar “la macarena” con el mismo swing que Robocop hace una coreografía de Chris Brown; hasta que se convirtió en un unicornio de la estadidad o un ser de proporciones mitológicas para algunos.

Incluso, una vez vi al carismático líder con pancakes del tamaño de Carraízo elevarse por los cielos, mientras sus discípulos lloraban de emoción y bebían las gotas de sudor que le bajaban de los sobacos, pues decía la leyenda que el líquido que brotaba de las glándulas sudoríparas del “mesías” hacía que nenes jabaos se convirtieran en preciosas personas rubias y perfiladas. Ese mismo año fue derrotado por un blandengue Aníbal Acevedo Vilá. En el 2005, uno de los lacayos del partido le obsequió a Rosselló su silla para que este fuera senador por el distrito de Arecibo. ¿Pero cómo tuvo un puesto que no corrió? Esas son algunas de las chulerías de la política en un peñón antillano que olvida rápido.

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En mis años de espinillas y desajuste hormonal, vi a Sila andar con un séquito todos con camisas amarillas, porque ella “quería ser la diferencia”… y luego pasó por la gobernación dejando el mismo legado que Glerysbet Pagán en el reguetón. Toda mi vida escuché a Rubén Berríos decir que el momento de la independencia es ahora y que Puerto Rico necesitaba sangre nueva, mientras María de Lourdes y Fernando Martín le secaban el sudor… todavía lo hacen. Llevo años escuchando a los anexionistas decir que la estadidad es inminente, pero lo más cercano que hemos tenido a ser estado es cuando los candidatos gringos vienen a buscar chavitos aquí… y somos tan boquiabajos que le damos eso y hasta el trasero si nos lo piden.

El PPD por su lado nos ha metido miedo con que la estadidad es el cuco, que “el americano” (como decía Passalacqua) nos iba a espetar un fracatán de taxes y que el ELA era la esperanza… y desde entonces ellos por la cocina nos han empuja’o los impuestos, han exprimido la teta del ELA a un punto que no da más leche, y hablan del futuro con ideas de Luis Muñoz Marín. Davila Colón dice que hay "un régimen popularrrr"… ujum, porque los penepés son hermanitas de la caridad cuando están en el poder. ¡Claro que sí! Los partidos criminalizan al que piensa diferente, mancillan reputaciones con sus gatilleros a sueldo y sacan cada esqueleto del clóset si tienes la osadía de hablar con honestidad contra estas maquinarias. Y justo cuando nos han repetido esto una y otra vez, el pueblo sigue creyendo en ellos y halando en el juego de la soga en el que nos caemos y perdemos todos.

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Bebeces, yo quiero que alguien me conteste esto: ¿cuántas elecciones van que mondamos gomas con los fourtracks, escribimos con griffin blanco los cristales del Mirage y seguimos pelaos? Digo, yo no sé ustedes, pero yo creo que esto es una cogía de zángano en cualquier liga. Esto va pa’ ti, el que sale a trabajar todos los días con un sueldo bajo, la madre soltera que deja el pellejo en la brea por sus crías, el papá de familia cuyo único placer es darse la Medalla los viernes porque la quincena no le da para más, díganme: ¿cuándo fue que un partido ganó y su bolsillo estuvo boyante? ¿Cuándo fue que un político le dijo que el dinero no iba a ser una preocupación porque usted iba pa’ rriba que se las pelaba si le daba el voto y cumplió?

Usted, Papo, Sonia, cualquier Pérez, y los socios (sea cual sea su ideología política) que no tienen pala con algún partido ni van a caravanas persiguiendo un puesto en el gobierno, pregúntense algo: si gana el PPD o el PNP, ¿usted está 100% seguro que su cuenta de ahorro va a crecer? Digo, porque si ni siquiera tenemos un país con carreteras decentes, algo tienen que ofrecernos esta vez, ¿o no? Entonces, ellos le prometen villas y castillas cuando ya hemos visto el resultado todos estos años. ¿Usted va a volver a caer? “Fool me once, shame on you. Fool me twice, shame on me”, dice un refrán… pero a nosotros esos dichos no nos gustan, y preferimos cantar los slogans políticos imitando malamente la canción de moda y meneando las nalgas al son de la politiquería.

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Por alguna extraña razón (o por el fanatismo que llevamos hasta el tuétano) la gente aún cree en los políticos. Caminan por horas detrás de un “líder” que levanta los puñitos, se retratan con el candidato, el político le da un abrazo a la doña y un besito a su nene en la chola, y escuchan cánticos de sirenas con el coro de que “un mejor mañana es posible”. De repente, todos los políticos dicen que son humildes, que estudiaron en escuela pública (aunque solo hayan ido a kinder en una), que conocen el dolor del pueblo, que han cogido la AMA, que han empeña’o el carro pa’ pagar la luz, que son de barrio, que han bailado reguetón descalzos, que saben lo que es comer Chef Boyardee con arroz blanco… y cuando están encaramaos, andan en tres guaguas negras y la humildad se va a las pailas del infierno porque tienen “un gobierno que atender”. Esa es la naturaleza de estos pichones, pero a mí quien me jode es el pueblo, porque tenemos el síndrome de mujer maltratada que pensamos que el bambalán va a cambiar.

Me duele mi generación, los mismos que se supone que hayamos aprendido que en el gobierno quebra&#39o no es que está el crecimiento profesional ni la riqueza (a menos que seas de los guaynabitos que nacieron con el gabán ya ready en la cuna y la flor en el fundillo), y todavía es que entregan el futuro de su país por un puesto llevando papeles en una alcaldía. Conozco algunos que consiguieron trabajo en el gobierno por chepa, y ahí están, sembra&#39os en la misma silla porque el gobierno no es el lugar donde identifican talento y le dan la oportunidad para crecer y contribuir a su país… a menos que te dediques a ser soplapotes y a pelear por un bando como cosa loca pa&#39 montarte en la guagua en las próximas elecciones.

Las 78 alcaldías sirven como lugares de organización política, no para darle servicios al pueblo, y es por eso que usted ve gente inepta en posiciones altas miqueando porque no saben ni lo que están haciendo. “Esto es pa’ 30 años”, dicen algunos… sí, créete ese cuento, porque en un país sin chavos la amenaza de botar empleados públicos suena cada tres meses. ¿Y ustedes me dicen a mí que van a dar su voto por eso? ¿Ustedes creen que van a echar pa’ lante desde una alcaldía o agencia de gobierno que está estanca’o en el tiempo? Los contratos buenos van pa’ los amiguitos del cangri en el poder, no pa’ la plebe… pero ahí están ellos, aplaudiendo y extasiándose con palabras llanitas, siguiendo como reses a aquel que cuando termine su mandato se irá con los bolsillos &#39fulletiaos’, mientras el pueblo está con las esperanzas vacías… y la cartera también.

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             Esta es lo que hacen los políticos con el pueblo. Yoshi es el pueblo y Mario el político de turno

En época de elecciones hay analistas políticos en todos lados. Muchos empujan sus candidatos desde la radio, otro desde sus trincheras… ¿aún creen que eso es gratis? En Puerto Rico todos tienen una agenda, hasta los que menos usted pensaría. Los blanquitos siempre tendrán sus viajes a Europa, los comentaristas políticos cargan un gabán comprado gracias a eso que tanto critican, y Silverio siempre tendrá una canción no importa cuál partido esté en el poder. Somos nosotros los que seguimos chavaos con la mente creyendo en cuentos. Solo el pueblo puede cambiar lo establecido. Solo ustedes tienen la capacidad para no seguir dejando que les metan las cabras al corral. ¡Abre los ojos, boricua!