¿Tienes pareja? Quizás tu hombre es uno de estos tipos en San Valentín

Aquí está tu marido obliga'o

Mi ciela, llegó uno de los días favoritos de las chicas.

El día de San Valentín para muchas féminas es esa festividad donde pueden hacer algo que todas aman: competir entre ellas mismas. Es normal que durante este día la tensión en las oficinas esté al 200% porque cada vez que llega un arreglo floral al counter de la recepcionista las mujeres sienten la presión y le rezan a todas las divinidades para que las flores sean para ellas, ya que si hay algo les fastidiaría sería llegar a su casa con las manos vacías… y si eso pasa, el marido pagarían el precio. Pero hoy no vinimos a hablar de las chicas, sino de cómo actúan los hombres durante esta chulita festividad. ¿No tienes pareja? Sal de aquí, este artículo no es para ti; pero si la tienes hoy vamos a contarte sobre los tipos de hombre durante el día de San Valentín.

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-El usurero: este tipo de caballero que regala una porquería, pero que jura que merece un trofeo por haber sacado veinte pesos para comprar un regalo. No se trata de que el tipo está bien pelao y no puede comprar el obsequio que desearía para su pareja, sino que este tipo de hombre parece que tiene pirañas en los bolsillos. Estos chicos son los que compran una margaritas despintás en el supermercado, y tienen el descaro de enviarlas al trabajo de su esposa o novia. Cuando las compañeras ven las flores, no saben si son un arreglo o una amenaza de muerte por parte de la mafia italiana.

-El infiel que se bota con el arreglo: nunca olviden esto: a mayor el regalo, mayor es la culpa. Siempre hay un hombre que no se cansa de pegarle cuernos a la esposa, incluso, no se las pega tan frecuente como quisiera porque ya los años le pasaron factura y no puede bajar panties con tanta facilidad. La cosa es que este tipo de hombre no escatima a la hora de comprar un arreglo floral que parece que lo criaron en las entrañas del Yunque porque aquello viene hasta con olor a peos de Ricky Martin. Las compañeras de trabajo sienten mucha envidia de su colega, ya que ellas apenas recibieron unos Mon Cheri que el marido compró en especial en Walgreens… durante diciembre.

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-El que envía una canasta de frutas: hay que ser bien desgracia’o para hacer una cosa como esta, pero sucede más de lo que creen. Cuando los hombres comienzan una relación, no temen en gastar lo que sea necesario para que la dama vea que es un buen proveedor; con el tiempo esto disminuye. Mujer, si antes te llevaba a cenar a restaurantes con los mejores cortes de carne roja, acostúmbrate que en el futuro la única carne exótica que probarás será la que trae el arroz chino. Siempre hay un bambalán que piensa que mientras las compañeras de la esposa van a frontear con sus flores, su esposa se va a robar el show repartiendo los pedazos de un pincho de mangó con uvas. Aunque hay que mirarlo por el lado bueno: las flores no se pueden masticar. ¡Apúntale esa!

-El maceta que se esconde en el discurso del capitalismo: siempre hay un muchachito que para no regalar comienza su rant diciendo que “el día de San Valentín es un invento para seguir extorsionando al proletariado que se ve obligado a sacar de sus pobres ahorros para satisfacer una falsa necesidad impuesta por el capital”. Bueno, pueden tener algo de razón, lo único es que la mayoría de estos muchachones no piensan igual cuando se trata de gastar el dinero en otras boberías. Muchos no pueden sacar diez pesitos para un regalo, pero pueden gastarlos en Medallas hablando de cómo Marx y sobre cómo la sociedad funcionaría mejor sin dinero”. ¡’Eguuuurrrrroooo!

-El que piensa que es tremenda idea enviarte un Jovanigram a la oficina: este tipo es el mejor. No tengo nada que decir de él que no sea elogios.

San Valentin

-El marido que la mayoría tiene: este caballero es el que le envía una flores baratas y feas, pero que al menos tienen hojas y durarán unos tres días. También es el que decidirá llevarte a cenar a Chili’s, beberán dos Frozen Margaritas, y en la noche tendrán una sesión de coito donde harán lo mismo que hacen dos veces por semana. Él caerá rendido luego de la eyaculación, mientras que tú quedarás insatisfecha sexualmente pensando si eso fue lo mejor que te pudo haber dado la vida. Esto no se lo dirás a nadie, y menos a tus compañeras o amigas porque es mejor estar en una relación sumida en la rutina que terminar tus días sola. ¡Tú lo sabes, pana mía! Míralo por el lado bueno: al menos no eres como la compañera que se envía flores ella misma a la oficina. Piénsalo.