Aunque esa está lejos de ser su única razón, ir al teatro a divertirse me parece la mejor razón para gastar mi dinero en una obra.

A sólo segundos de haber comenzado, mis carcajadas y las de la audiencia fueron evidencia de que “Gato Sato” es exactamente el tipo de producción por la cual vale la pena ir al teatro con intenciones de divertirse. Producida por Ipso facto y dirigida por Mariana Carbonell, esta obra de humor negro estrenó este pasado marzo en El Local, en Santurce y continuará presentándose durante el mes de abril.

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En la obra conocemos a Pablo (Roy Sánchez-Vahamonte): un hombre volátil que se ha desligado de un grupo terrorista y que ahora busca liquidar la corrupción local a través de sus métodos violentos. Sus planes se interrumpen cuando recibe una noticia que cambiará su vida: su gato (y mejor amigo) Tomasito ha muerto y todo parece indicar que no fue un accidente. Con el corazón roto y ciego de ira, Pablo regresa a Vieques para investigar qué pasó con Tomasito y ejecutar su venganza al precio que sea.

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Entre los sospechosos del asesinato felino se encuentran su padre (Carlos Miranda), sus ex-compañeros terroristas (Jose Eugenio Hernández, Ian Daryk y Yamil Ramos) y sus vecinos (Jorge Armando y Maurim Chiclana).

Como en las buenas comedias de enredos, desde el inicio la audiencia se entera de información importante antes que los personajes en escena. Esto de por sí genera carcajadas inevitables, pero una de las sorpresas más gratificantes de este texto es precisamente cómo juega con esta técnica para hacerle creer a la audiencia que sabe todo lo que hay que saber.  Dado a la simpleza de su premisa, resulta sorprendente cómo el texto se encarga de colocar varias bombas dramáticas que luego explotarán (literalmente) de forma inesperada en escenas claves.

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Adaptada de la pieza irlandesa “El Teniente de Inishmore”, “Gato Sato” muestra la cultura de un Puerto Rico luego del huracán María, donde todavía los sectores menos aventajados todavía lidian con sus carencias. El contexto político y social es inherente a la historia. Sin embargo, esta está más interesada en mostrar la humanidad imperfecta de sus personajes, que (en su mayoría) poco tienen para redimirse, mientras impulsan la trama a un son frenético. Su puesta en escena colorida y ágil ayuda a generar una sensación equivalente a presenciar una dinamita que pasa de mano en mano y que en algún momento explotará sobre alguien. La combinación de todos estos elementos resulta en risas inevitables y escenas que, aun en sus momentos más explosivos, nunca dejan de ser divertidas.