Miky Woodz recuerda con orgullo cuando hace años tenía que arrancar cada madrugada desde La Cuarta de Villa Carolina hacia Caguas. Había que trabajar. Los chavos no caen del cielo, vamos.

“Yo trabajaba en un almacén. Todos los días entraba a las siete de la mañana. Y a esa hora y en esa ruta se formaba un tapón chévere, los troces al frente de uno formando tapón, ya tú sabes. Pero había que trabajar, había que buscar cómo echar pa’ lante”, dice Miky durante un aparte con El Calce.

Para ese tiempo, Miky compaginaba una carrera académica en la Universidad del Este (UNE) con su amor por el deporte, específicamente el baloncesto.

“Sí, el básquet, yo siempre he jugado baloncesto. Lo hacía en la LAI (Liga Atlética Interuniversitaria) con la UNE. Nunca pude jugar Baloncesto Superior pero, pues, la vida me llevo por otro rumbo bueno”, explicó el señor Woodz.

Entonces, estaba el rap, una pasión que moldeaba según pudiera.

“Chacho, salía de las clases, daba chiste en los pasillos, pero volvía al carro a grabar videítos de freestyle, y de nuevo pa’ clases”, se acuerda.

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Normal. Quizá ahora usted lo conoce por temas como ‘James Jones’, ‘Everything is oro’ y, claro está, el himno de la juventud ‘Estamos clear’, junto al conejo malo de Vega Baja, Bad Bunny. Pero hubo un momento en que Miky Woodz se batía con los mejores de su generación para alcanzar ese sueño de poder vivir del rap.

Avanzaba la segunda década del Siglo XXI y un fenómeno llamado Freestylemania se apoderaba de las redes sociales en Puerto Rico. De este movimiento subterráneo salieron muchos raperos que ahora mismo se abren paso en el mundo de la música urbana, como Jay Z, Pusho, Darkiel y Benny Beni, entre otros. Entre los líderes de Freestylemania, en el cual los raperos se enfrentaban a través de vídeos de internet, había este muchacho llamado Miky Woodz, un chamaco que “no capea feca never”, frase alusiva a que no está pendiente a boberías, lo que también es su actitud con el negocio de la música y con la vida.

Bueno, pero eso hace ya varios años. Ahora mismo, la verdadera competencia, entiende Miky, no es con otros raperos si no con uno mismo. Es que, se llega a un punto en el que trabajo habla solo, más allá de cualquier novelón de Instagram que se fabrique… y mire que en este género urbano hay mucho drama en es

“A mí eso no me importa, la fantasía esa. Uno hace música. Y con la música uno prueba lo que es”, explicó.

Así las cosas, Miky Woodz presenta este 21 de julio su segundo disco en Arena Live, en Hato Rey. Ese disco se llama El OG, un mazacote urbano con barras bien cuadradas y un feeling de rap callejero bien construido, algo que pocas veces se ve en esta era de versos fotocopiados.

“Yo estoy contento porque pude lograrlo. Y no lo vamos a dejar caer”, puntualizó Miky Woodz, presidente vitalicio de la Asociación de los 90 piquetes, como se hace llamar

Nada, manín, que estamos clear.