Nunca he sido muy aficionada del tenis, aunque a veces lo veía en la televisión, pero me bastó ir al US Open para darme cuenta que el ambiente clasista y superficial no me gustaba; simplemente es una cultura deportiva que no me disfruto tanto como la del béisbol, el baloncesto o el fútbol. Aún así, como sigo el deporte casi de manera obsesiva, lo veo lo suficiente como para saber qué han hecho las hermanas Williams, y sobre todo Serena en los últimos veinte años. Irrumpir en un deporte mayoritariamente blanco, no solo siendo negras, sino de un barrio como Compton en Los Ángeles, han roto muchas barreras.

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Sin duda, Serena es una de las mejores tenistas de la historia, para muchos incluso ya la mejor de todos los tiempos, y yo voy más allá, y afirmo que, por el nivel, la consistencia y el dominio de su deporte, es de las mejores atletas en general. Serena a sus 36 años ha ganado 23 Grand Slams y en muchos de estos torneos su dominio ha sido apabullante. Ahora, luego de tener un parto sumamente complicado, el cual casi le costó la vida, regresó apenas un año después. Su regreso ha tenido altas y bajas, perdiendo en la mayoría de los torneos menores en los cuales jugó, retirándose del Roland Garros en Francia y llegando y perdiendo la final en Wimbledon. En el US Open, ante su público, su paso hacia la final fue dominante. Hasta que llegó el 8 de septiembre, la noche que todos esperaban: Nike, su auspiciador, Chase, el US Open, el USTA, los 24,000 aficionados que se congregaron en el Arthur Ashe Stadium, la prensa, los aficionados que lo miraron por televisión, ESPN y sus reporteros, todos y todas esperaban el final de cuento de hadas. Que un año después de no poder jugar ese torneo por estar dando a luz regresara la reina a casa a ganar el número 24, y así empatar con Margaret Court como la máxima ganadora de estos torneos de todos los tiempos, coronándose como la diosa del tenis, y en las condiciones más difíciles, toda una hazaña que no solo no sucedió, sino que se desarrolló como una película de horror en vez de un cuento de princesas. Serena no solo perdió ante una joven cuasi-desconocida de 20 años, sino que lo hizo de una manera vergonzosa y controversial, perdiendo varios puntos por indisciplina.

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Considero a Serena una atleta cuyas actitudes no deportivas dejan mucho que desear, siempre me ha parecido arrogante, egocéntrica, malcriada e impulsiva. Imagino que muchos y muchas argumentarán que sin esas cualidades de “fortaleza emocional” ella no hubiera llegado donde ha llegado y también que yo no diría esto de un hombre. Pues NO y NO. Creo que muchas veces, desafortunadamente demasiadas, cuando hablamos de mujeres, se confunde la fuerza de carácter con malas actitudes; ella ha tenido demasiados episodios en su carrera en las que le ha faltado el respeto a los árbitros y no siempre es respetuosa con las contrincantes, sin contar que en las entrevistas muestra mucha arrogancia.

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En cuanto al comentario de los hombres, subrayo que es larga mi lista de atletas que admiro en términos deportivos, pero que me parecen que carecen de buenos modales, que les falta humildad y buen compañerismo: LeBron James, Floyd Mayweather, Cristiano Ronaldo, Roger Clemens, entre muchos otros. Esto no elimina la existencia de la desigualdad de género en el deporte. De hecho, recientemente cada vez más he estado trabajando este tema pues me parece que siendo el deporte y su desigualdad de género un reflejo de la sociedad, su mejoramiento también podría tener implicaciones sociales positivas de mayor equidad. El deporte en general sigue siendo totalmente dominado por los hombres, desde la inequidad salarial, la cobertura mediática, la mercantilización de los y las atletas, entre otros. Y en el tenis se añaden otros factores de desigualdad, pues además de todos los asuntos de machismo, es un deporte con un fuerte historial racista y clasista. Pero el hecho de que irrumpa en este escenario y rompa barreras, ¿convierte necesariamente a Serena en una luchadora por los derechos de las mujeres, los negros y las minorías raciales y la clase trabajadora? No. Y que además solo por estar dónde está siendo como es también implica que es un ejemplo de modales, buen deportista y gran ser humano? No. Sin duda el hecho de que esté en la cima de este deporte puede inspirar a niñas negras y pobres a soñar estar donde ella está y eso es positivo, pero ese hecho no puede nublar todo lo demás. Y aquí llegamos a la noche del 8 de septiembre en Flushings, Queens.

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Serena perdió el primer set ante Naomi Osaka. En el segundo salió jugando mejor y temprano tuvo un “warning” por “coaching”, una regla que para muchos es un sinsentido, pues implica que tu entrenador no te puede dar instrucciones desde las gradas. No solo es una regla que solo existe en algunos torneos, sino que aún existiendo, en raras ocasiones se aplica. Esto, sin duda, enfureció a Serena ya que sintió que el árbitro la estaba llamando “tramposa”. Cabe destacar que el entrenador de Serena aceptó después del encuentro que le estaba dando indicaciones. Aquí el primero de varios conflictos. Todo parece indicar que el hecho de que el árbitro cantara esto fue inusual, pero definitivamente dentro de las reglas que existen. La pregunta es, ¿cómo una atleta de la talla y experiencia de Serena pierde la tabla por eso? Obviamente fue la combinación de ese “warning” y estar perdiendo el partido que vino a ganar y que culminaría su famoso “comeback”. En todos los deportes hay un espacio discrecional para los árbitros dentro de lo que es el reglamento: los que son manisueltos con las tarjetas amarillas y rojas en el fútbol, o los que no sacan ninguna y el juego se descontrola, los que abren demasiado la zona de strike, para la confusión de los bateadores o los del baloncesto con la regla de “travelling” o de los tres segundos en la zona de la pintura. Y así, los y las atletas profesionales tienen que principalmente contener las emociones y sobre todo la ira y tratar de que el árbitro no les influencie cuando cantan algo inesperado. Cuando Serena pierde un saque ante Naomi, se enfurece y rompe la raqueta, lo cual es automáticamente un punto por reglamento. Luego, ya totalmente fuera de control, continúa insultando al árbitro diciéndole: “¡Soy madre, antes pierdo que hacer trampas!”. “¡Me debes una disculpa, me debes una disculpa!”. “¡Eres un mentiroso y un ladrón!”. “¡No me volverás a arbitrar nunca más! ¡Es porque soy una mujer y lo sabes! ¡Si fuera un hombre no me harías esto!”. “¡Estás atacando mi personalidad!”. Ante esta retahíla de insultos el árbitro le quitó un “game” por “verbal abuse”, el set se puso 5-3 a favor de Osaka y lo remató, llevándose su primer Grand Slam y un sonoro abucheo de un público que vino a ver a su estrella ganar el Grand Slam 24 y, al esta no hacerlo, se solidarizó con cada uno de los gritos y reclamos de injusticia de Serena, los cuales ellos escuchan a través de los audífonos provistos.

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Las críticas al árbitro van desde que el “warning” por “coaching” no se lo cantan a nadie y que lo hizo para demostrar poder y que incluso después de este abuso de poder, le quita un “game” cuando ella lo insulta, cuando pudo haberle hecho una advertencia antes de hacerlo. Todos estos tecnicismos mezclados con todas las acusaciones de sexismo, que esto no se le hubiera hecho si ella hubiera sido hombre. Estos reclamos de sexismo, en unos tiempos del “Me Too” en los cuales formular un reclamo dentro de un contexto de desigualdad de género es sumamente popular, y más aún, casi irrefutable, los comenzó la propia Serena en la pista diciéndole directamente que él no le hubiera cantado eso si ella fuera hombre. Luego, en la conferencia de prensa, la atleta dijo: “El árbitro me quitó un juego y aquí estoy yo, intentando luchar por los derechos de las mujeres, la igualdad y esas cosas, y me pareció una actitud machista. Él nunca le ha quitado un juego a un hombre por llamarle ladrón… Esto que me ha pasado es un ejemplo para que otra persona que tenga emociones, que quiera expresarse y ser una mujer fuerte. Ellas van a poder hacerlo por lo que ha pasado hoy. Tal vez a mí no me haya funcionado, pero a la siguiente persona le funcionará…”. Estas declaraciones son las que se han hecho eco muchísimas personas al hablar de la injusticia que se cometió ayer. Y es aquí donde yo tengo mi mayor problema. Pues hasta ahí para mi la historia es una que he visto antes con otros personajes, una noche en la que se espera que se haga historia, una leyenda viviente a punto de lograr un hito más en su carrera. Un árbitro que parece que quería más protagonismo, o, como otros argumentan, siendo él mismo, ya que se caracteriza por ser muy estricto y fiel al reglamento. Una jugadora joven con nada que perder y todo por ganar, cero presión. Pierde la leyenda, gana la joven, se da el tablazo, el público se decepciona, la veterana pierde la tabla y se descompone. Esto pasa en el deporte y para mí ahí debió quedar. Pero cuando se explica y justifica desde la perspectiva de género, que todo lo que ocurrió fue porque es mujer, que no le hubiera pasado si hubiera sido hombre, ya cae en un plano donde lo peor es que se silencia la oposición, pues ya si criticas a Serena eres machista o ciega de las desigualdades, tal y como se debate en un reciente artículo, titulado ‘Porqué no todo es machismo’, que escribió Isabel Valdés y publicó en el diario El País.

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Claro, nadie quiere que le digan macharrana o machista o sin conciencia de género, y menos ahora, no, imposible, mejor callar o montarse en el barco de la historia de la injusticia contra Serena. Y de ahí a las otras desigualdades, un paso pequeño. Así, leí a múltiples personas que respeto muchísimo, argumentando que lo que sucedió fue porque era negra y mujer[1].

Aquí es que pienso que todo se salió de proporción y se desenfocó. Pero sobre todo se le quita toda responsabilidad a esta atleta profesional de alto rendimiento que falló y perdió la compostura. Y empiezan a mezclarse argumentos, que si los hombres dicen pillos y no les quitan un punto, que si a nadie le pitan el “coaching”, que si a ella es la más que le hacen pruebas de dopaje, que si es porque es negra, que ha habido otros jugadores que han hecho cosas peores sin recibir amonestación, que el árbitro no pudo tolerar que una mujer le argumentara, y todo esto es nocivo. Primero, la justificación de que algo está bien porque otros lo hicieron es incorrecta. O peor aún que otros lo hicieron y no les amonestaron. Segundo, que adjudicarle al árbitro machismo es llevar la discusión a un plano donde se limitan los argumentos deportivos y sobre todo se minimiza la responsabilidad del atleta. ¿Y si de verdad fue una imprudencia del árbitro penalizarla por el “coaching” pero ella se hubiera contenido? E incluso si no se contiene, pues los atletas son humanos y a veces se molestan y pierden el enfoque, pues luego te disculpas, o te callas y pasas la página, como tantos y tantas hacen. Creo que ella logró victimizarse comenzando a acusarlo de sexista desde el mismo juego y, luego con el discurso de la conferencia de prensa. Y aunque reconozco lo hostil que es el mundo del tenis para una mujer negra – como escribiera la semana pasada en mi columna del periódico Claridad, defendiendo a Serena en el asunto del traje que usó en el Roland Garros  – argumentar que Serena es la víctima, la desfavorecida, la “underdog”, no es cierto.

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Como dijo la propia Naomi al finalizar, “yo sé que todos querían que ella ganara el número 24, todos los anuncios lo decían, etc”. Ella era la favorita, su victoria era lo que los medios, el torneo y las corporaciones querían. Insinuar que tenía el sistema en contra es absurdo. Serena es multimillonaria, lleva usando el hashtag #Mama todo el año y ella misma ha hecho su cuento del parto y su recuperación uno central en toda esta historia. Lo cual no la culpo, pero, por ejemplo, muchos han criticado que en la conferencia de prensa le preguntaran cómo le explicaría a su hija la noche de la final, que es una pregunta que no le harían a un hombre, pero realmente ella no ha parado de hablar de eso durante este año, incluso cuando se dirige al público después de los encuentros y se lo mencionó al propio árbitro, y los anuncios de Chase y Nike se centran en su maternidad. Y no quiero menospreciar la cobertura diferente que se le da a las mujeres y los hombres en la prensa, y estoy de acuerdo con la gran Billy Jean King que dijo que si una mujer protesta le llaman “histérica”, adjetivo que raras veces se usa con un hombre, pero de eso, a explicar lo que sucedió como un acto de injusticia contra las mujeres, hay un largo trecho. Es decir, que uno puede afirmar que hay desigualdad en el tenis pero eso no quiere decir que toda injusticia que suceda en el deporte a una mujer es por ser mujer, es extrapolar cosas que no necesariamente son ciertas. Lo que sucedió con las vestimentas de Serena y Alizé Cornet sí son ejemplos de la “doble vara” con las mujeres, pero lo del sábado no. No solo el árbitro Carlos Ramos tiene un historial de “mano dura” incluyendo con hombres, sino que Serena también tiene un historial de malas actitudes, sobre todo en este torneo. Y si aún se acepta el argumento que no le debió haber cantado eso, pues ella tenía que mantener la compostura como atleta profesional que es, y si no podía y perdió la tabla, pues al final o te disculpas por la rabieta, o te callas, pero no argumentas que lo que te pasó es por ser mujer. No hay que argumentar cuán duro es ser minoría, igual en el deporte, y sin duda Serena ha superado mil obstáculos para estar donde está, de clase, género y raza, pero el sábado en la cancha ella representaba al “establishment”, las corporaciones que han hecho millones con ella y al evento le convenía que ella ganara. No, allí no se vio un ejemplo más del atropello de una mujer negra en Estados Unidos, de los muchos que se ven todos los días en este país. Lo siento, allí no hubo discrimen.

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Mi hija de seis años conoce y le gusta Serena porque sale en el libro de las Cuentos de Buenas Noches para Niñas Rebeldes que a ella le encanta. Esa noche, cuando vio en la televisión el final del partido y todo el drama que sucedió me preguntó lo que estaba sucediendo y le expliqué. Y como está acostumbrada a ver deportes me dijo que “no era chévere romper la raqueta ni decirle pillo a un árbitro”.

Lo siento, para mi Serena no es un modelo a seguir por sus actitudes dentro de la cancha. No importa, hay muchísimas mujeres de color que lo son, mostrando solidaridad, humildad y siendo fuertes sin ser arrogantes, egocéntricas ni prepotentes. Le dije, “mira, quizás en el tercer libro aparece Naomi Ozaka como otra niña rebelde”. La clase y dignidad que mostró esa otra mujer de color esa noche aún cuando le arruinaron su mayor logro deportivo en su vida, es una muestra de ello.


[1] Serena Williams is arguably the GREATEST ATHLETE to ever play in professional sports, and the intersectional bullsh*t that she goes through for being Black+Woman+Compton+”Thick” is f*cking disgusting.” This is enraging just to watch. Every woman and girl who has been treated unjustly knows that shake in her voice. And I understand how especially painful this is for Black women and girls to watch.” “To be the best at what you do….ever…and battle every hour of every day for respect regarding body, mind, skill, approach….everything. Yes. We know. And we remain outraged. #SerenaWillams